Cultura en Transición. El promotor cultural y el desarrollo educativo. Daniel López Romero

Cultura en Transición

El fomento y la preservación de los valores culturales en el estado de Veracruz adolece del apoyo a su actor más importante: el promotor. Los proyectos comunitarios de promoción cultural o artística generalmente se enfrentan a los intereses de las llamadas "industrias culturales" de la radio y la televisión, así como a la generalizada idea -justificada o no­- de atender asuntos de baja a prioridad, pese a que los valores de pertenecía cultural y las propias expresiones regionales conforman un aspecto imprescindible de la sociedad veracruzana.

El promotor cultural ante el desarrollo educativo de Veracruz

Daniel López Romero *

Al acercarnos a la discusión que se está llevando a cabo en el estado de Veracruz a raíz del llamado del gobernador Alemán Velazco para reformar la Constitución estatal e impulsar, entre otras prioridades, el fortalecimiento del sistema educativo veracruzano, puede observarse que a este respecto la discusión se centra en el aspecto "formal" de la educación, que si bien es la parte medular del sistema educativo nacional, deja de lado algunas consideraciones que deberían tomarse en cuenta en este contexto.

En mayo de 1992 se firmó el Acuerdo Nacional para la Modernización Educativa (ANMEB), en marzo de 1993 se aprueban reformas a los artículos 3o. y 31 Fracción I de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en junio del mismo año se aprueba la Ley General de Educación. Estos tres preceptos persiguen la optimización del sistema educativo mexicano a modo de elevar la calidad de la educación pública y abatir los rezagos en la materia, a partir de los principios que emanan de la propia Carta Magna. .

Tanto la Ley General de Educación como el Artículo 3o. Constitucional, además de establecer el acceso a la educación básica (preescolar, primaria y secundaria) como derecho y obligación de todo mexicano, señalan que el Estado mexicano promoverá, atenderá y alentará la difusión de nuestra cultura.

Estos documentos indican que la educación pública debe ser democrática, nacional y gratuita, y que son los estados quienes deben determinar los planes y programas de estudios para la educación básica y para la formación de docentes, considerando la opinión de las autoridades locales y de los diversos sectores sociales involucrados en la educación, para lo cual contempla la figura, entre otras, del consejo municipal de participación social, que entre otras facultades "hará aportaciones relativas a las particularidades del municipio que contribuyan a la formulación de contenidos locales a ser propuestos para los planes y programas de estudio... y en general, podrá realizar actividades para apoyar y fortalecer la educación en el municipio".

La discusión en cuanto a la educación en Veracruz se está dando a diferentes niveles, pero cabe aclarar que los principales actores coinciden en que las causas del rezago educativo provienen de prácticas añejas de corrupción o de inoperancia, ya al interior de la propia Secretaría, ya dentro del ámbito sindical de la educación o en las relaciones entre ambas partes, ya en la improvisación de la planta docente, etcétera. Algunos de estos actores sostienen que en la práctica, los objetivos del ANMEB no se han llevado a cabo y que la federalización o descentralización de la educación pública no se ha reflejado aún de manera efectiva. Menos aún se ha logrado, por ejemplo en Veracruz, la implementación de los consejos de participación social que serían el vínculo principal para la reforma educativa.

Ahora bien: en el estado de Veracruz la promoción y difusión de la cultura están ligadas directamente a la Secretaría de Educación y Cultura (SEC), pero los programas implementados a nivel de educación básica, en cuanto a cultura, se refieren en gran parte al apoyo de la cultura "oficial" o "dominante", es decir, reproducen una visión centralista de identidad nacional que redunda en confusiones en los sentimientos de pertenencia de los educandos y socavan la asimilación de las expresiones regionales. Un caso ilustrativo es el de los ballets folklóricos, los cuales presentan "estampas" regionales que si bien parten de algunas tradiciones, no reflejan fielmente nuestras raíces, ya que se presentan fuera de contexto y siguen un criterio estético establecido desde los años Cincuenta.

Por otro lado, hay que reconocer el esfuerzo que realiza la SEC mediante los organismos desconcentrados que de ella dependen: el IVEC, el INJUVER y el IVD. Estos, en teoría bastarían para complementar lo señalado en el párrafo segundo del Artículo Tercero Constitucional, pero en la práctica, en el caso de los actores directamente relacionados con la promoción cultural, principalmente los que centran sus esfuerzos en la difusión y el cultivo de las tradiciones, se enfrentan a retos tanto o más grandes que los que enfrentan los maestros en su práctica docente. Podemos afirmar que el promotor cultural es formador en varios sentidos a nivel de comunidad: llama la atención hacia la riqueza de las expresiones culturales tradicionales y estimula de este modo el aprendizaje y el aprecio por la cultura y la pertenencia propias, y promueve además la participación de la comunidad en la preservación de sus tradiciones.

No obstante la magnitud y la importancia de su labor, el promotor cultural se enfrenta casi siempre al desdén de las autoridades -con honrosas excepciones- y a las tendencias dirigidas por el interés comercial de los medios masivos de comunicación, lo cual genera falta de aprecio a las manifestaciones culturales propias y -lo más importante- la ausencia del mínimo apoyo económico para desarrollar estas actividades, ya que en innumerables ocasiones, el promotor cultural tiene que aportar recursos económicos y materiales propios, aparte de emplear tiempo y esfuerzo en la consecusión de una actividad que no tiene más reconocimiento que la satisfacción propia del trabajo realizado. Esto impide la vinculación que debiera darse entre los proyectos culturales ya que éstos se realizan de forma aislada, lo cual limita la continuidad de esos proyectos y la participación de nuevos sujetos para lograr los objetivos que puedan plantearse.

Debemos señalar que al menos en nuestro Estado no existe una figura reconocida en forma curricular como promotor cultural, lo que hace aún más difícil la concresión de estos proyectos. A su vez, provoca a nivel institucional que éstos queden en el papel y no tengan mayor trascendencia, dada la ausencia de un respaldo normativo. Si bien es cierto que éste es el fin que persiguen las casas de cultura, no podemos afirmar que el trabajo realizado por éstas sea satisfactorio en la mayoría de los casos.

Pero en cuanto a los promotores culturales que trabajan más o menos de manera independiente, no tienen más preparación que la obtenida en la práctica que han desarrollado, lo que hace evidente la necesidad de implementar programas de capacitación, los cuales pudieran tomar formas parecidas al sistema tutorial o al sistema abierto, para conformar un marco de evaluación que permita obtener, por un lado, un reconocimiento oficial, y por otro provea a los promotores culturales de las herramientas metodológicas que permitan abordar con más eficiencia la difusión y promoción de la cultura, tanto a nivel escolar como comunitario, para estimular nuestro sentido de identidad en la diversidad, favorecer la sensibilización artística como complemento para el desarrollo integral del individuo en igualdad de oportunidades y llevar así al mejoramiento de la calidad de vida -educativa en principio, pero de condiciones también- en la población como lo establece el Artículo 3o. Constitucional y hacer frente a los retos que plantea la inminente globalización, desde una perspectiva más acorde a nuestro tiempo.

* Laudero, director de la agrupación de son jarocho Hikuri y promotor cultural municipal en Cosamaloapan, Ver.