Inmadurez ante la libertad. José Antonio Crespo Mendoza (Entrevista)
Para el politólogo e investigador José Antonio Crespo, aportar al público elementos que contribuyan a la comprensión de la vida política es una misión no del todo asumida por los medios de comunicación en México, lo cual impide a la sociedad acceder a una madurez que permita fortalecer la democracia en el país.
Los medios de hoy, inmadurez ante la libertad
Entrevista con José Antonio Crespo Mendoza
Gina Domínguez Colío
Transición.- El año próximo el proceso político en México será inédito, único en la historia de este país, y en el cual los medios de comunicación jugarán un papel predominante. Desde el punto de vista de usted como politólogo, como analista que es de la realidad política, ¿cuál deberá ser este papel y la actitud que asuman los medios de comunicación ante un proceso como el que viviremos los mexicanos en el año 2000?
José Antonio Crespo Mendoza.- Creo que los medios que están gozando de mucho mayor apertura que nunca antes, que ejercen una crítica muy adecuada, centrada, oportuna, a veces parece también que están abusando de esta libertad. Tenemos un precedente muy inquietante: el abuso que los medios hicieron de la libertad durante los primeros años de la Revolución, el cual terminó por derruir completamente las bases del maderismo y dio paso a una dictadura.
A veces los medios tienden al sensacionalismo, a publicar la nota atractiva pero que no tiene que ver con el fondo, con la profundidad que se requiere en el debate político, y en el análisis; a veces también magnifican cuestiones de importancia menor, como algún pleito entre los diputados, y además -estoy hablando de todos, por diferentes motivos- con clara intención de denostar a la oposición y a las instituciones democráticas como el Congreso, los partidos de oposición o el IFE, que son los tres pilares de la frágil democracia mexicana. Instancias que de pronto están sometidas a un ataque impresionante y al desprestigio, no porque no haya motivos de crítica: tina cosa es la crítica constructiva y otra es tina campaña de desprestigio así de abierta que puede acabar de derrumbar los pequeños pilares. (le la democratización mexicana.
Pero incluso los medios que no son oficialistas suelen magnificar los sucesos de manera desproporcionada, sin una cabal comprensión de lo que pasa en otras partes del mundo para ubicar si lo que está pasando en México es normal o no, si es algo que en cualquier democracia ocurre o no. Entonces, si dos diputados se agarran a golpes, los medios pueden expresar: "¡Vean la democracia que querían, vean el desorden!", cuando es lo más normal en cualquier democracia del mundo; pero como los ciudadanos en general no tienen elementos para comparar qué tan normal es nuestro proceso, los medios deberían estar atentos para ubicar e interpretar objetivamente lo que está pasando en México.
Con las coaliciones pasa un poco lo mismo: de pronto nos la presentan como agua y aceite... Aclaro que no creo que necesariamente tenga que haber coalición, ni creo que se vaya a dar, pero el presentarla como algo antidemocrático cuando es una de las figuras básicas de la democracia, pues es estar distorsionando, a veces por mala fe y a veces por ignorancia. A veces no detecto en los medios mala fe, sino ignorancia respecto de lo que ocurre en el mundo, sobre todo en este tipo de evaluaciones sobre el Congreso, sobre el bloque opositor dentro del mismo Congreso, sobre las condiciones y el comportamiento de los partidos, etcétera.
Yo diría que los medios tienen la responsabilidad de ubicar más, qué es lo que está pasando en México en relación a lo que ocurre en el resto del mundo; de prepararse más, de acudir a donde está la información y las fuentes de conocimiento para ubicar responsablemente y hacer que la gente entienda este proceso y no que se confunda más.
Otro punto clave que los medios tendrán que asumir ante el proceso electoral del año 2000 es la imparcialidad ante los resultados. Ojalá se despartidicen lo más que se pueda porque si existe un escenario probable es el derivado de una diferencia muy pequeña entre el primero y el segundo lugar. Y si los medios están partidizados, unos van a decir que el que ganó fue su partido y otros que el otro, generando un conflicto o manejando irresponsablemente las cifras como ya lo hemos visto, por ejemplo en Guerrero, donde unos medios dicen que ganó el PRD y otros que el PRI, echando leña al .fuego en lugar de tener la prudencia de decir: "En realidad no sabemos quién ganó y las autoridades electorales lo dirán".
Asumir una postura partidista para impulsar al propio candidato complica mucho más el escenario, en lugar de moderarlo. Ahí los medios tendrán una enorme responsabilidad para no ayudar a la desestabilización del país y generar el conflicto.
Se ha hablado mucho de la necesidad -y es un asunto sumamente polémico- de una Ley de Comunicación Social en la Federación y su reflejo en los estados. ¿Esto es necesario? ¿Cómo podemos llegar a eso cuando al hablarse de regular o reglamentar la actividad de los medios inmediatamente surge aparejada la palabra "censura"?
Esa ley tiene que hacerse de manera muy cuidadosa. Yo estoy contra cualquier tipo de censura, pero a veces se utiliza el término censura cuando el concepto es supervisión. Es imposible exigir que haya objetividad total y absoluta en los medios. Ojalá que fueran despartidizados, sobre todo en momentos claves y muy complicados como el que se avecina, pero no se requiere que esta separación sea total.
En las democracias los medios no son objetivos, son plurales. Eso sí lo estamos viendo cada vez más: cada quien puede tener su partido, puede tener sus preferencias, expresarlas y manifestarlas. Repito: ojalá que en momentos difíciles y complicados asuman una posición responsable, pero no se exige, o no se debe exigir objetividad total. En ese sentido, esa parte del planteamiento de la ley está mal formulada. Fácilmente puede dar lugar a buscar una utopía o a restringir justamente la libertad de expresión de los propios medios.
Lo que sí tiene que haber es responsabilidad de los medios y de los periodistas: que siempre se tengan que rectificar las cosas que se digan cuando no sean. Eso sí es justo: si están distorsionando una información, tienen que dar espacio al aludido para que se defienda. Habría que ver la modalidad pero sí debe haber un derecho de réplica abierto, aparte de situaciones como la calumnia o la difamación que en todo caso ya están penalizadas.
Lo que sí me parece importante y es de fondo es cambiar el régimen de concesiones, sobre todo en los medios electrónicos, radio y televisión. Ahí está el nudo que provoca la parcialidad de esos medios, pues ante la posibilidad de perder la concesión están sujetos a la autocensura o a la censura del gobierno y no dan espacios iguales o igual tratamiento a la oposición. Entonces la concesión tiene que cambiar radicalmente de tal manera que sea el mercado y la exigencia de los propios ciudadanos la que determine el comportamiento de los medios y no la necesidad de ratificar o refrendar la concesión que viene del Ejecutivo.
De ahí viene la reacción de muchos de los medios electrónicos, sólo que la presentan como un atentado contra su libertad de expresión: "Ahí viene la censura, la ley mordaza", etcétera, porque están afectando un punto central de su interés que son las concesiones.
El escándalo y el rumor, que casi se han convertido ya en géneros periodísticos en nuestro país, cómo los ve usted?
Eso es parte de lo que señalé al principio: precisamente por no tener elementos de mayor información y un mínimo de madurez política para discriminar entre lo que es muy atractivo pero que es casi de nota roja, y que efectivamente puede llamar la atención, se está distorsionando la democracia. Es necesario presentar información, si no objetiva sí más seria, más profunda, explicando lo que sucede en lugar de simplemente denunciar, descalificar, con amarillismo, con escándalo, con estridencia.
Entonces, los medios deben tener una mínima preparación democrática para distinguir las noticias importantes y darle un manejo que permita explicarle a la gente lo que está pasando y dimensionarlo en los términos justos. No simplemente irse por el raiting, por el mercado del amarillismo. Ahí también hay una responsabilidad de los propios directores de los medios parte. manejar con cuidado y profesionalismo la información, con la idea de "cómo le hacemos para que la gente entienda lo que está pasando".
Una de las tesis que Florence Toussaint maneja es el hecho de que los medios en México se pudiesen considerar como entidades de interés público, similares a los partidos políticos en cuanto a la transparencia de su financiamiento, de acuerdo a su tiraje, penetración, su seriedad, y otros criterios, tal y como ha ocurrido en algunas naciones más desarrolladas. ¿Eso sería benéfico, sería posible en un país como el nuestro?
Sí se pueden instrumentar ese tipo de medidas. Desde luego tienen que ser muy bien estudiadas y calibradas de tal manera que sirvan al propósito, en el sentido que los medios se comporten con mayor profesionalismo, con mayor madurez política y responsabilidad. No obstante, habría que combinar también las fuerzas del mercado, dado que éstas no se pueden suprimir completamente. Entonces sí es posible pero en un proyecto de complementación, de tal manera que también el mercado cuente.
Es una situación de equilibrio, de nueva cuenta, porque si se deja a los medios totalmente a merced del mercado, éstos tienden hacia el amarillismo y el raiting, pero si fueran totalmente subsidiados pues el sector puede anquilosarse en una forma de populismo. Esto es: se darían esas partidas proporcionalmente a los tirajes y al mercado que tienen, y así tendrían que estar combinando simultáneamente estos dos parámetros.
Por otra parte, habría que introducir un criterio no solamente de mercado, de tiraje o de raiting, sino también de cierta responsabilidad y calidad en los medios. Ahí sí podría operar un comité que no censure, pero sí que pueda emplear ciertos elementos para decir: "Aquí se está manejando la información de una manera más profesional", independientemente del partido por el que se puedan inclinar.
Un ejemplo: el Canal 11, aunque está dirigido por una priísta, sí da un mensaje mucho más imparcial, serio y sobrio que en otros casos. En lugar de ayudar a echar leña al fuego está dando explicaciones y una versión más objetiva, más explicativa y más serena de la realidad política, a pesar de que de todas maneras pueda haber ahí cierta inclinación a favor del PRI, pero no es burda, no es obvia. Entonces ahí sí hay elementos que pueden calificarse como de mayor profesionalismo para los noticieros y en general el manejo informativo que le da el Canal 11 a la vida política.
Finalmente, como sociedad, ¿estamos preparados para hacer una evaluación y diferenciación sobre los mensajes que recibimos de los medios de comunicación?
Sí, aunque con la aclaración, desde luego, de que en ninguna parte del mundo todo el mundo es politólogo, eso es un mito. Si bien los niveles de conocimientos de información política son bajos, sí hay elementos que permiten a la gente discriminarlos por calidad y buscar mejores opciones informativas. Entonces no es una distancia gigantesca la que tendríamos que recorrer porque no se requiere ni siquiera un nivel excesivo de educación para ello.
Sí, todavía hace falta más y mejor educación política pero no en términos de valores, sino de información y de elementos para comprender la vida política a niveles aunque sean sencillos, introductoras -no tienen que ser especializados-, y por ahí habría que centrar la educación cívica. Menos en los valores, que a final de cuentas no sirve demasiado y mucho más en dar elementos digeribles, accesibles, sencillos, comprensibles, para entender la política en general, la vida política y la democracia en particular.
Eso ayudaría mucho porque daría elementos a los propios ciudadanos para discriminar esos mensajes turbios, amarillentos, escandalosos, y tener información un poco más fidedigna, más seria, más profesional.
* Doctor en Historia por la Universidad Iberoamericana, Investigador del Centro de Investigaciones y Docencia Económicas (CIDE).


















