Medios antidemocráticos. Ángel Martínez Armengol
Parte de la confusión acerca de la actividad política que ocurre en el país se debe al exagerado protagonismo de nuestros medios informativos, resultado de su paradógica existencia entre el interés púdico que suscitan y los intereses de carácter empresaria que representan. No obstante, la construcción de una sociedad democrática exige a los medios Limitarse a su papel: informar.
Medios antidemocráticos
Ángel Martínez Armengol *
Para el discurso oficial, en México los medios de comunicación son garantes, adalides, paladines, promotores de la democracia. Sin éstos, se suele insistir, el avance democrático no sería posible. Ha sido lugar común considerar que en una sociedad con medios críticos, vigilantes de las acciones gubernamentales, hay más control de la actividad de los gobernantes y se frenan los abusos, los excesos, las corruptelas y la impunidad en el ejercicio del poder.
Ha sido ya una cuestión que por cotidiana no deja de asombrar, sostener sin empacho que los medios han permitido que en México se transite hacia la democracia.
A cada quien su lugar en estas cuestiones.
De entrada debemos cuestionar si en efecto los medios están realmente preocupados por ser avantgarde de los procesos democráticos(i) y a partir de ahí formular qué tan importante es su participación en el establecimiento de una cultura cívica de la democracia como forma de gobierno.
Es menester no olvidar que, por ejemplo, los medios de comunicación funcionan exactamente bien y exactamente igual en una sociedad con democracia que en regímenes totalitarios. Huelga comentar aquí, a manera de referencia, el caso de Chile durante los 16 años y medio de la dictadura de Pinochet. Los medios de comunicación más fuertes, corno el tradicional periódico El Mercurio, no sólo promovieron, entronizaron y mantuvieron al régimen castrense en el poder, sino que contribuyeron de manera eficaz y efectiva en el derrocamiento del poder institucional y legítimamente electo de Salvador Allende.
Durante 16 años y medio, El Mercurio y otros medios chilenos, olvidaron la palabra democracia de sus diccionarios de uso cotidiano y prefirieron sostener un sistema de valores sociales, económicos y políticos que les beneficiaba.
Más allá de éstos, en Cuba, por ejemplo, los medios funcionan perfectamente bien para preservar y exaltar el régimen de la Revolución y sus arengas antiimperialistas.
No cuestiono con un sentido dogmático tales situaciones en los medios. Si planteo esto es con la intención de presentar un panorama previo a la actuación de los medios en situaciones que en este momento nos parecen remotas que puedan desempeñar en el país, pero no sería extraño que pudieran adaptarse con facilidad a cualquier cambio de régimen.
Suponer entonces que medios condescendientes con el poder, exaltadores de la violencia callejera y cuestionadores de las oposiciones en el ejercicio de la función pública son los que contribuyen a fortalecer la democracia en México, es vivir en el error.
Los medios, vale la pena insistir una vez más, tienen o deberían tener como función exclusiva la de informar y esa, en sí misma, es ya suficiente. Pero los medios insisten en otorgarse (y algunos políticos también les cuelgan) otra serie de etiquetas que distorsionan su objetivo principal que, si realiza con verdadero compromiso, con lo que Carlos Marín llama el trabajo informativo y de opinión, entonces sí podrán "incidir en el ensanchamiento y fortalecimiento de la vida democrática".(2)
Pluralidad y autoritarismo
No perdamos de vista una cuestión fundamental: plural es la sociedad. En ella confluyen actores de todas las tendencias ideológicas y hasta sexuales. Es rica y diversa. Es distinta. Ella sí es plural.
Los medios de comunicación no necesariamente tienen que serlo. El que en sus espacios -páginas en el caso de los impresos o minutos al aire en el caso de los electrónicos- participen diversos actores sociales no significa que los medios sean plurales.
Son, en todo caso, abiertos a todas las expresiones de una sociedad diversa y compleja.
Y, sin embargo, los medios presumen su pluralidad, su apertura, su tolerancia que, cuando se trata de responder a los intereses económicos y políticos a los que muchos están sujetos, mágicamente se olvidan y la guardan en el cajón del escritorio para mejores tiempos.
Pero hay que ir más allá de esto.
En ninguna sala de redacción de los medios se piensa en el asambleísmo como forma de seleccionar y presentar las noticias que consumirá el potencial público cautivo al que van dirigidos.
Es decir, los medios nos informan de lo que ellos quieren y de la manera en que ellos quieren. Y también no nos informan de aquellos asuntos que ellos no quieren informar.
Surge entonces aquí un principio de relación que no tiene nada democrático, ni de plural, ni de apertura y sí mucho, en su concepto más amplio y quizá hasta chocante, de autoritario y de vertical.
En efecto, los medios deciden -y esa es una condición ya aceptada por todos - qué van a informar, cuándo lo van a hacer y cómo lo van a hacer. El interés público, a la hora de tomar decisiones en una redacción queda implícito, pero muchas veces también ignorado.
Esto por supuesto que no es descubrir el hilo negro. Se trata de una relación inequitativa entre los medios masivos de comunicación -por la naturaleza misma de estos- y el público que los recibe. Uno no puede, por ejemplo, interpelar a Guillermo Ortega, a Rogerio Pano, a Pedro Ferriz de Con o a Olivia Calzada cuando están transmitiendo sus notas informativas y en el ánimo del ciudadano lo que dicen es erróneo.
No hay manera posible de hacerlo en el instante y en muchos medios ni siquiera después. Luego entonces, una sociedad indefensa ante el flujo informativo de los medios, impedida de protestar, de influir siquiera en la mínima línea de la conducta ética informativa, ¿puede ser una sociedad que confíe en sus medios como garantes de la democracia?
La pregunta implica necesariamente un replanteamiento en la relación de la sociedad y sus medios de comunicación. Es muy difícil y ha costado muchos años de esfuerzo, que los grupos sociales tengan espacios en los medios. A1 fin empresas privadas (pero al mismo tiempo entidades de debate público), los medios han respondido sólo al interés personal de sus editores que se confunden, de manera por demás errónea, con los intereses de la sociedad.
Es común escuchar y leer que los medios se deben a la sociedad, están del lado del pueblo en sus causas justas y frecuente también que pocas veces haya espacios claros en los cuales esa sociedad a la que se deben pueda acceder para participar en el proceso de la comunicación.
Hoy por hoy, en Veracruz y en Xalapa, muchos diarios o revistas no cuentan con lugares específicamente creados para canalizar las inquietudes del público lector o sus inconformidades no sólo con la actuación de los gobiernos sino contra los mismos medios. No cuentan tampoco con los llamados defensores del lector a los cuales se puedan dirigir para expresar molestias por el manejo informativo de tal o cual nota periodística.
Es más, no hay -en muchos de ellos, insisto- formas claras a través de las cuales puedan los ciudadanos exigir rectificaciones o derecho de réplica ante cualquier transgresión de la integridad personal (y de los asuntos públicos) en que los medios suelen incurrir frecuentemente.
Aquí apunto un hecho frecuente en las páginas de los diarios: el presentar como ciertos, los rumores, las versiones no confirmadas y los dimesy diretes que responden más al interés de grupos políticos que al interés ciudadano. Y los medios insisten en desechar el establecimiento de códigos de ética que hagan más clara la relación que sostienen no sólo con el poder público sino también con la sociedad pues han encontrado en.-el manejo discrecional de la información una jugosa fuente de negocios.(3)
Críticos hacia afuera, autoritarios hacia adentro
Cuando se menciona todo lo anterior vale apuntar que los medios, en efecto, se autopromueven como defensores del sistema democrático, critican severamente cualquier sesgo autoritario en el ejercicio del poder (reprimir manifestaciones callejeras con policías, por ejemplo) y denuncian, con denodada pasión, carencias y ausencias en el sistema electoral.
Sin embargo, pocas, muy pocas veces, reparan en que hacia su interior reproducen un esquema con tintes casi dictatoriales que haría palidecer hasta al demócrata más contemporáneo.
Carecen nuestros medios, por ejemplo, de espacios de toma de decisiones de carácter colectivo y consensual en el que los miembros activos de la sala de redacción participen en el proceso de elaboración formación del medio.
No cuentan, no se sabe que cuenten, con lo que en otras latitudes -en España, por ejemplo(4)- se denomina la junta de redacción que de manera colegiada (que no parlamentaria, no confundir) decide, con base en criterios noticiosos y de efectivo interés colectivo, lo que debe aparecer en las ediciones cotidianas.
Por lo regular, dicha decisión recae enteramente en el dueño o editor, algunas veces en el director (considerando a éste como empleado de la empresa) y en ocasiones verdaderamente patéticas en el jefe de la redacción o el encargado en turno.
Por lo mismo, ¿cómo exigir entonces que los medios tengan un real compromiso social si sus criterios informativos van más en función de personas y no de profesionales?
Dicho en otras palabras, ¿cómo podemos esperar que los medios y sus representantes defiendan el sistema democrático si no lo practican?
Sin embargo, ésta no es una visión apocalíptica de que los medios estén en manos de sátrapas en potencia o de apologistas de la dictadura, ni mucho menos. Simplemente se trata de establecer que en formas de operación, los medios no siempre reproducen esquemas democráticos y, por lo mismo, colocarles la etiqueta de defensores de dicho sistema es menos que incorrecto.
Luego entonces, ubiquemos a cada quien en su lugar.
Fortalecer la democracia en el país y en el Estado es un asunto que compete a los ciudadanos y a sus esferas de participación política: partidos, organizaciones y gobierno. No está en manos de los medios de comunicación contribuir o no de manera directa a gozar de un régimen de eso que se ha denominado normalidad democrática.
Recordemos, vaya, el pasado reciente. ¿Acaso algún medio en el Estado cuestionaba, sólo por decir una cosa, el hecho que hasta apenas cinco años, el gobierno y toda su estructura era el que organizaba los procesos electorales? ¿Alguien recuerda a algún director o columnista político que cuestionara, criticara o señalara que dicho sistema no era en modo alguno propicio para el desarrollo democrático?
A1 contrario: durante años la normalidad democrática en Veracruz fue que tras los procesos electorales (sobre todo los municipales) se arreglara la llegada de autoridades en la mesa de negociación. Más aún, la atención de los medios estuvo centrada sólo en obtener la ansiada lista de los candidatos del PRI a alcaldes porque, de cierto y seguro, de ahí y sólo de ahí saldrían los ganadores. Todavía más: los periodistas con influencias y cercanía a los políticos con la decisión en sus manos de palomear a los elegidos, gozaban antes que nadie (incluyendo a los mismos candidatos) de la información de quiénes serían los abanderados priístas.
Luego entonces, es un error suponer que los medios de comunicación contribuirán por sí mismos a perfeccionar las reglas del juego democrático ahora que se han modificado, aunque -debemos reconocer- éstas son aún cortas e insuficientes en muchos aspectos.
Los medios y los periodistas son sólo los puentes, los conductos a través de los cuales los ciudadanos se informan de que lo que ocurre en el acontecer cotidiano. Precisamente pensar que los periodistas son legisladores, dirigentes o abanderados de causas populares ha provocado este caos y confusión informativas en el que frecuentemente caemos.
Es la sociedad, los partidos, las organizaciones políticas, el gobierno -insisto-, los que deben establecer los criterios y consensos para avanzar en el fortalecimiento de nuestra incipiente democracia, de la inacabada transición a la democracia y la reforma del Estado que urge para establecer nuevas reglas de relación entre la sociedad y el gobierno.
Los medios, los periodistas, a Informar que para eso están. Nadie los eligió representantes populares. Nadie les pide que se envuelvan en una bandera y se arrojen desde un castillo para demostrar patriotismo. Nadie les pide, nadie debería de pedirles, que se apropien de una condición que no les pertenece.
No olvidemos que los medios -al fin empresas privadas, insisto- responden a sus propios compromisos e intereses económicos y políticos. No les demos, parafraseando a Sánchez de Armas, el calificativo de defensores de la democracia sino la responsabilidad que tienen: informara la sociedad, no está demás insistir en ello una y las veces que sean necesarias.
Por ello, la apuesta del avance democrático está en los actores sociales y no en los medios. "Aristóteles afirmaba que el ciudadano que gobernase debería contar con ciertas cualidades, entre las que destacaba la inteligencia, pero era pertinente que si eran varios los ciudadanos con aptitudes para gobernar, tal responsabilidad cambiara de titular, es decir, permitir el ejercicio de gobierno a varios y no a uno solo".(5)
Pensar en los medios y su papel actual exige una visión crítica pero también autocrítica, tarea en la que aún no hay mucho camino recorrido y en la que seguramente se continuarán escribiendo historias de intolerancia.
Notas:
- Sánchez de Armas, Miguel Ángel: "El lugar de la comunicación en las sociedades democráticas". En Revista Mexicana de Comunicación No.50, agosto-septiembre de 1997.
- Marín, Carlos: ¿Periodismo para la democracia? En Urna. Órgano informativo de la Comisión Estatal. Electoral, junio de 1998, pág.57.
- Trejo Delarbre, Raúl: "hablar, oír y responder". En Etcétera, semanario de política y cultura, número 276.
- El diario El País, uno de los más influyentes en Europa, elige a su Director de manera consensuada de entre los periodistas de la Redacción para un periodo determinado de tiempo, pasado el cual, éste regresa a su anterior posición y cede el paso a otro. El diario La Jornada en el Distrito Federal, escoge de entre sus integrantes socios al director para un lapso de cinco años. Que se sepa, en Veracruz, ningún diario opera de esa manera.
- Sánchez de Armas, Miguel Ángel. 0p. Cit.
* Ángel Martínez Armengol es periodista. Actualmente funge como Coordinador de la Redacción en el Diario de Xalapa, donde además escribe semanalmente la columna Glosario del Momento, así como artículos editoriales sobre temas de comunicación.


















