Los medios, factor de estabilidad. Édgar Ávila Pérez
Ante la difícil coyuntura que se presentará con las elecciones del año 2000, la responsabilidad de los medios de comunicación es equiparable a la de todos los actores políticos. El objetivo común de los medios, del gobierno y de la ciudadanía es evitar al máximo la inestabilidad política, dado que su consecuencia inmediata y hoy previsible es una confrontación de muy graves consecuencias.
Los medios, factor de estabilidad
Édgar Ávila Pérez *
La transición democrática en México no consiste ni radica en la derrota del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en las elecciones presidenciales del año 2000. Quien no lo entienda así podría provocar una escalada de violencia en el país que nos conduzca a una inestabilidad total, incluso una mayor a la registrada en la ex Yugoslavia.
La democratización de México nada tiene que ver con la derrota del priísmo. En caso de que el PRI volviera a repetir su triunfo como en los últimos 70 años, siempre y cuando se diera fuera de visibles trampas, la democratización del país sería una realidad, pero si el PRI perdiera ante sus opositores, también en un marco de legalidad, la democracia estaría ganando terreno.
Y es que la democracia no consiste en que un partido esté o no en el poder, sino en que los comicios se den en un marco de legalidad y transparencia que permitan a la ciudadanía elegir libremente a sus gobernantes, en un plano de competitividad abierta. Pero si la sociedad no logra entender la esencia de la democracia, el delgado hilo de la estabilidad que se presenta cada seis años se romperá.
Evidentemente, la actitud de no aceptar la democracia como contienda equitativa entre partidos, sino como el triunfo del partido favorito, no propicia un campo fértil a la democratización pacífica ni al apego a un veredicto electoral desfavorable, sino a la impugnación y la confrontación de adversarios.
El analista político José Antonio Crespo, considera que esto se debe a que si cada cual piensa que el triunfo de su adversario es contrario a la democracia, podría en nombre de esa misma democracia, desconocer un resultado contrario a su partido e impedir el arribo de los adversarios que hayan, incluso, triunfado en buena lid.
Si bien es cierto que en los últimos años los medios de comunicación (tanto prensa escrita como radio y televisión) se convirtieron en una parte fundamental en la transición a la democracia, también lo es que su presencia entre la sociedad y los grupos políticos que se disputan el poder debe ser un factor de estabilidad.
Es decir, los medios de comunicación responsables con la razón de su existencia, tienen la obligación de evitar que ese delgado hilo de la estabilidad que se presenta durante la sucesiones presidenciales no se rompa. Ello a través de concientizar a la sociedad de que la derrota del PRI no implica que se esté entrando en la democratización del país.
Si los medios de comunicación no asumen que son un factor de estabilidad, la violencia podría desatarse en el año 2000, sobre todo porque el escenario político se vislumbra harto difícil ante las tendencias electorales que ubican en un empate técnico al PRD, al PAN y al PRI, lo que derivaría en una confrontación violenta si existiera cualquier mínimo indicio de fraude electoral.
Y es que ello incrementa la probabilidad de que una impugnación hecha por alguno de los candidatos presidenciales que haya resultado derrotado, sobre todo por una reducida diferencia porcentual, pueda ser seguido por sus simpatizantes en su exhortación a movilizarse y protestar con el veredicto oficial, para echarlo abajo.
De acuerdo con las tendencias electorales de corto y largo plazo, y bajo la, óptica de los escenarios más probables, el surgimiento de un resultado sumamente cerrado entre el primero y el segundo lugar son muy altas.
Incluso el propio escritor Carlos Fuentes reconoció, primero que el resultado electoral del 2000 puede ser sumamente apretado, y segundo, que en consecuencia esto puede atraer inestabilidad ante la inconformidad de cualquier partido político, incluido el PRI.
De ahí la necesidad de que los medios de comunicación asuman un papel de estabilidad en la transición democrática. Deben obligar a la sociedad y a algunos grupos políticos radicales, a desterrar la idea de que sólo perdiendo el PRI México entrará de lleno a la democracia.
Los medios de comunicación deben impulsar la idea de que la democracia no se alcanza con la derrota del adversario, sino con unas elecciones equitativas, transparentes y por ende legales, gane quien gane y pierda quien pierda.
Sin embargo, y aunque los medios son un factor de estabilidad, el estado debe garantizar que los comicios del 2000 se efectúen con una transparencia y legalidad irrefutables, pues de lo contrario, al registrarse un margen muy pequeño entre el ganador y quien obtuvo el segundo lugar, las protestas no se harán esperar.
"Cuando un juego -dice José Antonio Crespo- no, se celebra en condiciones de equidad y limpieza, es sumamente elevada la probabilidad de que quien resulte perdedor no acate el veredicto, con justa razón. La equidad y la limpieza, aunque no garantizan, sí propician que el resultado sea aceptado por todos, incluyendo, desde luego, a los perdedores".
La responsabilidad para que el país transite a la democracia en un clima de tranquilidad es de todos los actores políticos, incluidos los medios de comunicación; del estado, garantizando que las elecciones se desarrollen en un marco de equidad, transparencia y legalidad; de los contendientes en que reconozcan que su derrota en ese mismo marco puede significar un avance democrático; y los medios de comunicación en su capacidad de concientizar a la sociedad sobre la esencia de la democracia.
* Licenciado en ciencias de la comunicación por la Universidad Realística en Puebla, reportero del periódico Política y corresponsal del diario Novedades.


















