La necesaria apertura de los medios. Alberto Arizmendi

Entender la democracia y la participación como etapas posibles del futuro del país implica pensar medios de comunicación menos restringidos por el poder estatal privado, aunque acotados para garantizar un acceso amplio y la expresión política de los sectores populares.

La necesaria apertura de los medios de comunicación

Alberto Arizmendi *

Como explica Raúl Trejo Delarbre, los medios de comunicación ejemplifican una de las paradojas más embarazosas de la transición Hacia la democracia: "Se han convertido en actores imprescindibles de los cambios políticos, pero al mismo tiempo son una de las causas del atraso de la sociedad; a la vez que son uno de los espacios más dinámicos para la propagación de la nueva cultura política, los medios constituyen -ellos mismos- uno de los segmentos más rezagados respecto del contexto de reformas que hay en el país".

Para explorar las líneas que se desprenden de esta paradoja es necesario reconocer que el papel de los medios de comunicación -así, en general- está cambiando, aun cuando su transformación responda a circunstancias, zonas de influencia y regímenes de propiedad específicos. En el caso de la prensa, una primera distinción sería la manera en que los diarios llamados nacionales -más bien editados en la ciudad de México- y los de provincia han actuado frente a la naciente apertura o tolerancia del Estado.

Trejo reconoce entre los del Distrito Federal una libertad "amplia" como resultado de su presencia limitada: "Menos de un millón de ejemplares en una metrópoli con 17 millones de habitantes"; fenómeno que se reproduce en el interior del país.

Frente al universo amplísimo de publicaciones periódicas, el número de medios electrónicos es reducido y el de sus concesionarios aún más Entre las radiodifusoras -las que cuentan con espacios de información y de opinión, incluso en cadena "nacional"- se puede decir que revivieron después de 1985, pero su "espíritu crítico" ha dependido de los conductores en los que se centran como una especie de culto a la personalidad y de los intereses empresariales, políticos y comerciales que representan.

La televisión, de acuerdo con algunas encuestas, informa a cerca del 90 por ciento de los mexicanos sobre, lo que ocurre en la política, pero sus contenidos noticiosos acusan parcialidad, en beneficio del partido en el poder, según estudios recientes de la Academia Mexicana de Derechos Humanos (AMDH). Corno ejemplo de los intereses presentes en este medio, baste citar el caso de lo que en nuestro país no pudo ser:

En Brasil, desde 1989 se discutió una propuesta legislativa para democratizar a los predios de comunicación del país, como la televisión, en manos de cinco grandes cadenas. La idea de los obispos -sus principales impulsores- era crear un Consejo Nacional de Comunicaciones integrado por representantes civiles y gubernamentales que desarrollaría una política democrática al respecto y emitiría licencias para las operaciones de radio y televisión.

Esta discusión tornó forma en México hacia 1994, cuando se formó en la Cámara de Diputados una Comisión Especial de comunicación -pluripartidista- que entre otras cosas propuso crear un Consejo Nacional de Comunicación Social encargado de otorgar concesiones "bajo reglas claras", monitorear el contenido de las transmisiones y garantizar el derecho de réplica. La iniciativa fracasó en abril de 1997 porque el PRI le retiró su apoyo.

Un año después, a pesar de la nueva composición del Congreso, el trabajo legislativo en ese sentido se estancó porque las propuestas se estrellaron contra los intereses de los concesionarios, quienes utilizaron sus propios medios para "defenderse" de la que llamaron Ley mordaza; en realidad un argumento para desvanecer los cuestionamientos y los posibles cambios al sistema tradicional de otorgar concesiones.

Democracia y participación

No se trata de llegar a una definición de los conceptos de democracia y de participación, sino de entenderlos como etapas posibles. Así, democratizar a los medios de comunicación implicaría liberarlos de las restricciones del poder estatal y privado, así como asegurar el acceso de los sectores de población marginada para que exprese sus demandas. El público en general (trabajadores, campesinos, mujeres, jóvenes, ancianos, minusválidos, indígenas, etcétera) no debe reducirse a su apatía y obediencia tradicionales, ni ser expulsados del foro del debate y la acción política en función de los intereses que representan el aparato gubernamental y las élites de los negocios.

Hoy, los medios todavía se conforman a los requisitos del nexo estatal-empresarial, porque enfrentarse al poder resulta costoso y difícil; se imponen niveles elevados de evidencia y argumentación, y el análisis crítico no goza de buena acogida por parte de quienes están en situación de reaccionar y determinar la gama de "premios" y "castigos".

Por su naturaleza empresarial, como otros negocios, venden un producto a los consumidores: su mercado son los anunciantes y el "producto" son los públicos -sobre todo los más ricos- que aumentan los precios de la publicidad. Es decir, venden audiencias privilegiadas a otras empresas.

Aquí las visiones se enfrentan: por una parte, se considera que los medios de comunicación estarían dedicados al servicio del bien público para cumplir con su función social; la democracia significa que los ciudadanos tengan la oportunidad de informarse, de tomar parte en la investigación, la discusión y la elaboración de políticas, así como de hacer avanzar sus programas por medio de la acción política. Por otra, el ciudadano es un consumidor, un observador, pero no un partícipe, y por ello sólo tiene derecho a ratificar las políticas que se originan en otro lugar.

Un segundo nivel se refiere a la participación como la acción de tomar parte en las decisiones sociales de todo nivel, pero de manera efectiva y no únicamente en las elecciones de los gobernantes. Esto implica un proceso de cambio social en el cual los ciudadanos son protagonistas y no víctimas, o en todo caso "beneficiarios" pasivos. En esta etapa ideal, los medios de comunicación serían responsables de difundir la información requerida por la gente para tomar las decisiones necesarias en los asuntos que les conciernen.

El papel de los medios

En el camino hacia una sociedad que deberá cambiar para garantizar su subsistencia, Óscar Edmundo Palma considera que el periodismo se encuentra en crisis y que los medios de comunicación han perdido credibilidad debido a que sus nexos con el estado dejaron huella en la audiencia. Su democratización hace necesaria la discusión libre, el debate en torno de su estructura, orientación y línea: "La democracia debe partir de la sabiduría colectiva".

Los medios deben ser expresión de esta época de cambios políticos y del proceso de democratización nacional; sin ellos no podrían realizarse cambios democráticos. "Pero no sólo deben ser transmisores de este proceso, sino también actores; ayudar al público a entender los cambios, a desearlos, necesitarlos y luchar por ellos". En este camino vale reconocer que la relación o dependencia de los medios con el estado cambió y hoy se determinan por los propios cambios del país y del mundo, producto de la globalización; no hay control directo, ni clausuras ni mordaza.

Raúl Trejo observa, sobre todo en la prensa, que dejaron de existir tabúes e incluso la figura presidencial -tradicionalmente intocada- fue motivo de cuestionamientos fuertes tanto en los artículos de opinión como en las caricaturas aparecidas en diarios de todas las tendencias. Lo cuestionable fue el papel de los medios, pues los más informados fueron los que más desinformaron; los más oportunos se convirtieron en los más irresponsables; los más comprometidos en los menos profesionales, y los más independientes en los más entregados a los intereses mercantiles.

Tampoco se trata de pensar en el divorcio medios-estado. La perspectiva de los medios como bienes sociales sugiere que reciban ayuda del estado como lo hacen el Instituto Federal Electoral o los partidos políticos, lo cual no implica que se conviertan en sus servidores, sobre todo si esta "convivencia" se estableciera de manera legal: así "se aboliría toda esa forma secreta de subsidios, como el chayote" y se entraría de lleno en otro terreno harto difícil: el de la ética.

Retos y perspectivas

Ante una competitividad creciente, los medios deben mejorar sus contenidos para participar de la competencia por los públicos, circunstancia que coexiste con el viejo sistema de conveniencias que compromete a empresarios y comunicadores con el poder político. La prensa representa muchos medios para un público escaso, mientras que la televisión ofrece pocas opciones a un auditorio masivo y los medios electrónicos en general se concentran en pocas manos, bajo concesiones otorgadas por el gobierno de manera discrecional.

Hay una libertad de expresión mayor, pero en el ejercicio periodístico prevalecen la autocensura y la censura impuesta por los empresarios, mientras que sus espacios oscilan entre la democracia y la propagación de confusiones, el rumor y el amarillismo.

Entre otras propuestas se plantean como viables disminuir el número de periódicos o diversificar su oferta -pues casi todos son "iguales"-; privilegiar los intereses de los ciudadanos bajo los principios de justicia social, equilibrio y armonía para reducir el sensacionalismo y la violencia; cambiar el régimen de propiedad de los medios de comunicación hacia grupos más amplios, como las cooperativas; mejorar el lenguaje, ya que de algún modo educan; defender los valores nacionales ante la globalización, y ser vehículo de un debate nacional amplio en la construcción de la democracia y el futuro de nuestro país.

Fuentes:

  • Aguayo Quezada, Sergio y Acosta, Miguel.: Urnas y pantallas. La batalla por la información. Editorial Océano-Academia Mexicana de Derechos Humanos, México. 1997.
  • Chomsky, Noam. "La democracia y los medios de comunicación"; en: Ilusiones necesarias Control del pensamiento en las sociedades democráticas. Ed. Libertarias-Prodhufi, Madrid, 1989.
  • Herrera, Almícar, et. al. "La nueva sociedad" en: Las nuevas tecnologías y el futuro de América Latina. Riesgo y oportunidad. Editorial de la Universidad de las .Naciones Unidas-Siglo XXI, .s/d.
  • Trejo Delarbre, Raúl: Ética y medios en el México de hoy,. s/d, México, 1996.
  • "Óscar Edmundo Palma publica Periodismo en crisis. Democracia interna, necesidad del periodismo mexicano"; por Maricarmen Fernández Chapou, en: El Financiero, Miércoles 20 de Enero de 1999, p. 50.

* Analista y candidato a master en comunicación por la Universidad Veracruzana.