A 10 años de la privatización, la peor crisis

El advenimiento del capital privado no ha resultado beneficioso para la agroindustria más importante de México. Hoy, la producción azucarera nacional se encuentra seriamente amenazada por distintos factores que tienen que ver con la historia reciente de un país donde se encubrió una estrategia colonial bajo la política de desincorporación.

A 10 años de la privatización, la peor crisis *

A la industria azucarera le bastó una década para volver a meterse en aprietos. Así, de la privatización salinista a la fecha ha acumulado pasivos por más de 3 mil millones de dólares.

Contra las expectativas de aquella reestructuración, aunque de nueva cuenta, México es superavitario en producción de azúcar, la mayoría de las empresas no ha podido sanear sus finanzas ni modernizarse; se redujo una tercera parte la planta laboral; se deterioró la calidad de vida de obreros y cañeros; de la zafra 97-98 resultó un excedente de un millón 200 mil toneladas de azúcar que está siendo colocado en el mercado internacional a precios inferiores a los costos de producción, y los fantasmas del Tratado de libre Comercio (TLC) acechan.

Una docena de consorcios controla en la actualidad el 92.7 por ciento de la producción: Escorpión posee 9 de los 61 ingenios y aporta el 23.5 por ciento del azúcar mexicano. El 69.2 por ciento restante lo producen Beta San Miguel (con 5 ingenios), Grupo Machado (7), Zucarmex (5), Grupo Azucarero Mexicano (5), Grupo Sáenz (3), Promotora Industrial Azucarera (2), Grupo Santos (3), Importadora de Marcas Mexicanas (3), Aga (2) y Grupo Porrés (3).

Algunos de estos corporativos han cotizado en la Bolsa Mexicana de Valores y tienen intereses en la banca privada y en las industrias refresquera, galletera, alimenticia, de lácteos, de productos "chatarra" y hotelera.

Concretamente, Consorcio Azucarero Escorpión (CAZE), que floreció a la vera del salinismo, está integrado, entre otros, por el Grupo Embotellador de México, principal comercializador de Pepsi Cola y uno de los más importantes en el ramo de agua purificada. Entre 1988 y 1992, Enrique Molina Sobrino, su presidente, compró nueve ingenios -cinco de ellos en Veracruz, incluyendo el San Cristóbal, que es el más grande de Latinoamérica- con generosos descuentos, enganches de 10 a 20 por ciento y plazos de hasta diez años. Adicionalmente, posee lujosos hoteles en Cancún, Acapulco, Puerto Vallarta y Cabo San Lucas.

Dueños ricos, industrias pobres

Al privatizarse los bancos, Molina Sobrino compró acciones en Banpaís -asociado con Ángel Rodríguez EL Divino-, Serfin y Banamex, y ha reconocido que en el caso de los dos primeros perdió 85 millones de dólares. Con Financiera Nacional Azucarera (FINASA) tiene un adeudo de 700 millones de dólares -reestructurado recientemente- y está en la lista del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa).

Grupo Santos, Grupo Machado, Beta San Miguel, Aga, Grupo Porrés y Grupo Sáenz enfrentan también serias dificultades económicas de suerte que, en total, la industria tendría pasivos por 3 mil millones de pesos con FINASA y la banca privada. Es decir, la sangría financiera no se detuvo ni con la privatización.

Parco, Albino Lara, director general de la Cámara Nacional de las Industrias Azucarera y Alcoholera, al preguntársele si 3 mil millones de dólares es el monto real de la deuda, prefiere cortar. "No tenemos datos. Yo no los manejo. Nadie aquí quiere decir ni a quién le debe ni cuánto debe". Pero hay quienes se cuestionan dónde pudo quedar tanto dinero: "Habría que preguntar a los señores industriales por qué están endeudados, pues el campo cañero mexicano ocupa el quinto lugar en productividad a nivel mundial", opina Pascual Alvarado, coordinador de Uniones Locales y Comités de Producción Cañera de la Unión Nacional de Productores de Caña de Azúcar, de la CNC.

"En el mundo azucarero hay un dicho: Dueños ricos, industrias pobres. En realidad, los empresarios han sacado dinero de los ingenios para diversificar sus negocios", ilustra Rodolfo Valadés, periodista experto en el tema.

Cuando se le cuestiona si la crítica situación de los ingenios obedece a que algunos de sus dueños han transferido capitales hacia otras empresas ajenas a la industria, Luis Ramiro García Chávez, de la Universidad Autónoma de Chapingo, responde:

"No es fácil obtener evidencias, pero lamentablemente, sin tener todos los elementos en la mano, al observar los ingenios se nota que se han quedado rezagados. Los excedentes obtenidos en las últimas zafras son más producto de la mejora de la materia prima que de la planta productiva, la cual está casi en las mismas condiciones. Los ingenios que usted menciona -se le pusieron como ejemplo los del Grupo Escorpión- se han rezagado y quizá esto se debe a que la industria azucarera no es la actividad principal de sus dueños; es lo que uno puede pensar porque la industria capta muchos recursos..."

Política colonial y rezago

"Aquí no ha habido ni modernización ni actualización, seguimos bajo el sistema colonial: ¿Qué se producía con Hernán Cortés? Azúcar y alcohol. ¿Qué producimos ahora? Azúcar y alcohol. La industria se halla estancada, produce más pero está estancada, no se aprovechan los beneficios de la biotecnología, la sucroquímica y la ingeniería genética, no hay investigación ni actualización tecnológica", exclama Guadalupe Cruz Cruz, miembro de la directiva del Sindicato de Trabajadores de la Industria Azucarera y Similares de la República Mexicana (STIASRM).

"De acuerdo con un estudio realizado por Nacional Financiera en 1969, sólo 16 ingenios contaban con equipo moderno, 29 tenían equipo semiobsoleto, con baja calidad técnica en sus instalaciones y 19 eran completamente obsoletos. Estos últimos, además de pésimo equipo tenían baja capacidad de molienda. Dado el número de ingenios considerados, el primer grupo representaba 25 por ciento, el segundo 45 por ciento y el tercero 30 por ciento", asienta Roberto Gallaga.

De manera sorprendente en "Estructura y perspectivas de la cadena productiva azucarera", documento de la Subdirección de Información y Análisis Sectorial de Banamex, se advierte que en tres décadas las cosas apenas cambiaron, a pesar de tantos recursos del erario público destinados a la industria y nunca recuperados: coloca a 20 por ciento de los ingenios en el grupo tradicional, es decir, el que tiene maquinaria obsoleta o en mal estado, considerables pérdidas de sacarosa y excesivos tiempos perdidos. Como "intermedios" sitúa al 55 por ciento y son aquellos que combinan "maquinaria y equipo obsoleto con equipo actualizado". Finalmente, considera que sólo 25 por ciento está actualizado, lo que significa que "las fábricas bajo esta clasificación prácticamente han renovado su maquinaria y equipo y cuentan con discretos sistemas de automatización".

Un recorrido por los ingenios de Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Puebla, Morelos, Colima y Jalisco permitió conocer que tales porcentajes son más bien mesurados. En cambio, Albino Lara, de la Cámara Nacional de la Industria Azucarera y Alcoholera (CNIAA), sostiene lo contrario:

-Muchos ingenios están ruinosos y la mayoría operan en condiciones mínimas de mantenimiento- se le dice.

-No hay nada de eso -responde-, en México tenemos tres ingenios construidos en los Setenta, mientras que en Australia, que es el número uno en materia azucarera, el más nuevo data de 1926. La industria azucarera no está en esas condiciones de desastre que usted menciona, lo que ocurre es que es compleja su operación, pero ha demostrado su eficiencia a través de los años.

-¿La tecnología?

-Es muy avanzada, estamos muy al día, además de que contamos con maravillosos técnicos. Ahí tiene los ingenios de Piasa en Oaxaca y Veracruz, o los de Sáenz en Jalisco y Tamaulipas. Pero si a veces no competimos con otros países es por las condiciones del campo. En Valle del Cauca, Colombia, por ejemplo, hay doce meses de zafra al año, mientras que aquí sólo podemos producir seis debido a las lluvias.

Otro problema es que las tierras de riego tienen mayor rendimiento y en México 605 de las dedicadas a la caña son de temporal, donde la sequía y el exceso de agua lesionan la materia prima.

Pero un experto en seguros industriales tiene la impresión de que "los dueños de los ingenios están sacándoles todo el jugo sin invertir un centavo, para luego devolvérselos de nuevo al gobierno, quebrados".

Hoy, además de su abultada deuda que está siendo reestructurada -después de que en octubre pasado FINASA amenazó con emprender acciones judiciales para recuperar intereses vencidos-, la industria azucarera enfrenta al menos tres retos vinculados entre sí:

  • Modernizarse.
  • Diversificarse.
  • Encarar los problemas que se le plantearon con el TLC.

Las trampas de Salinas

Si bien el presidente Salinas de Gortari entregó los ingenios en condiciones provechosas, tendió algunas trampas a sus nuevos dueños, reestructurándoles los créditos, pero convirtiéndoselos a dólares; prometiéndoles liberar el precio del azúcar, lo cual no cumplió; y permitiendo negociaciones secretas para que los procesadores de maíz de Estados Unidos obtuvieran ventajas en perjuicio de la industria azucarera nacional.

Luis Bravo Aguilera, subsecretario de Comercio durante el sexenio de De la Madrid y representante en México de la Asociación de Refinadores de Maíz de Estados Unidos (quienes producen y exportan a México grandes cantidades de "jarabe de alta fructosa", edulcorante derivado del maíz que representa una creciente amenaza para la industria azucarera nacional), documenta parte de esta historia: "Hubo quienes compraron ingenios dando sólo 25 por ciento en efectivo, o menos. El problema es que Salinas prometió liberar el precio del azúcar y los mantuvo con control de precios férreo. Luego, para calmarlos, les dijo: `Te cambio tu financiamiento a dólares, con un interés del 11 por ciento (mientras que en pesos dicho interés era de 28 y 30 por ciento) y con un tipo de cambio estable'. Pero llega la devaluación del 19 de diciembre de 1994 y la deuda se les triplica. Luego reestructuraron en UDI's más 7 (una tasa preferencial).

"Hoy estos señores deben un poco más de cuatro veces lo que debían en 1995. Si hubieran pagado 'cash' no estarían así. Molina (Escorpión), Gallardo (Grupo Azucarero Mexicano). Santos (Grupo Santos), García (AGA) se amolaron porque, además, la liberación del precio del azúcar se dio hasta mediados del 95, cuando había una demanda caída en el mercado interno.

"En realidad -agrega- esta industria tenía muchas fallas estructurales y, además, los azucareros le creyeron a Jaime Serra Puche -secretario de Comercio salinista- la promesa de que no entraría ni un kilo de fructosa".

Gran potencial económico

El otro reto pendiente es el de la diversificación. Hasta ahora, en México el bagazo de la caña se usa como combustible, en tanto que la producción de alcohol no es significativa. Del potencial económico de la caña de azúcar da cuenta Roberto Gallaga ("Azúcar/ tiempos perdidos...") "La mayoría de las mieles finales o incristalizadas -que resultan del proceso de producción del azúcar- se exportan, pudiéndose aprovechar con grandes ventajas en la ganadería y la industria, ya que de ellas se pueden obtener no sólo alimentos balanceados para el ganado, sino también acetona; ácidos aconítico, cítrico y lácteo; alcohol para carburante, alcohol para goma sintética, carbón activado, gas carbónico para hielo seco; glicerina, distintas clases de levadura, grasas y numerosos productos órgano-químicos para la industria y la medicina.

"Por otra parte, del bagazo se pueden obtener carbones activados, decolorantes, celulosa, pulpa para papel y rayón, furfural (que es un aldehído para producir resinas aglutinantes, herbicidas y productos bioactivos), madera artificial, plásticos, lignina, carbón vegetal, abonos biológicos, gas pobre y combustible".

* Tomado del diario Sur de Veracruz, año IX, número 2466, 21 de enero de 1999.