Corporativismo, obsolescencia y el Fobaproa azucarero. Fernando Santamaría Prieto (Entrevista)
La modernización de la industria azucarera le ha costado al país 16 mil millones de pesos desde que su administración pasó a la iniciativa privada; no obstante, la liberalidad con que esos recursos gubernamentales fueron asignados provocó que no se aplicaran en transformar la planta productiva, según denuncia el diputado y dirigente cañero, con lo cual se está generando un problema financiero que de hacer crisis tendríamos que estar pagando todos.
Corporativismo, obsolescencia y el Fobaproa azucarero
Entrevista con Fernando Santamaría Prieto
Diputado Local por el PAN y dirigente de la Unión Nacional de Promoción Cañera.
Gina Domínguez Colío
Transición.- La importancia que los ingenios representan para el país ha derivado en que éstos sean considerados entidades de interés público, ¿cuál es su opinión acerca de la problemática que hoy enfrenta el sector azucarero a nivel general, y particularmente en el estado de Veracruz, donde es la agroindustria más importante de la entidad?
Fernando Santamaría Prieto.- La industria azucarera tiene tres líneas torales de problemas, aunque sí es redituable, porque es floreciente a nivel internacional.
La única finalidad que el sistema ha visto en el sector es organizar, tanto a los productores de caña como a los obreros de los ingenios, única y exclusivamente como sujetos de control político. Nunca se le ha dado el enfoque de modernidad, de productividad y de apoyo que debería tener esta industria. Por ello tendríamos que descorporativizar las organizaciones cañeras y el sindicato azucarero.
Uno de los enemigos principales de la industria son los grupos corporativos agrarios de la CNC y de la CNPR. Los líderes de ambas organizaciones deciden unilateralmente todo lo que concierne al campo cañero: el año pasado firmaron acuerdos donde se castigó el precio de la caña para los obreros y hasta se vanagloriaron de que eso era un apoyo para los industriales... Un apoyo que éstos nunca pidieron, pero aquellos lo negociaron, tanto Miguel Ortiz por la CNPR como Manuel Pérez Bonilla por la CNC. Un 10.17 por ciento de aumento que no se les pagó a los cañeros y representa muchos millones de pesos.
Ambas organizaciones, aparte de las cuotas, deciden cargos totalmente injustificados para los cañeros de entre el 10 y el 12 por ciento de su patrimonio. Esto desde luego es anticonstitucional, dado que nuestra Carta Magna establece que nadie puede ser privado de su patrimonio si no es por una resolución judicial, y estas organizaciones no tienen carácter judicial alguno.
Las agrupaciones se llevan anualmente, por concepto de cuotas, uno o dos pesos por tonelada de caña, y si los convertimos en 50 millones de toneladas molidas en la zafra 1997-98, serían 100 millones de pesos. De ese dinero, los líderes no entregan cuentas a nadie, pero además, es un recurso que según sus mismos estatutos, debería utilizarse para investigación del cultivo y defensa de los productores, cuestión que nunca se ha hecho.
Aparte se quedan con el patrimonio de los cañeros al negociar los precios. En el campo cañero tenemos una productividad bajísima a nivel internacional: 80 toneladas de caña por hectárea, mientras en el Caribe se producen 150 toneladas, es decir, producimos la mitad. Entonces, si en el campo estamos mal, la industria no puede ser redituable pues las organizaciones cañeras, que además nos cobran muy caro, no investigan ni asesoran a ningún productor.
Por otra parte, el Sindicato de Trabajadores de la Industria Azucarera y Similares de la República Mexicana (STIASRM) hoy enfrenta demandas porque se quedó con seis fideicomisos que es dinero de los obreros, y aunque está obligado a capacitar a sus afiliados gran parte del personal de los ingenios no está capacitado. Además, a los obreros capacitados -quienes se han querido organizar en sindicatos independientes al no estar de acuerdo conque se les siga exprimiendo y manipulando- el STIASRM los expulsa. Gran cantidad de mano de obra calificada está fuera de la industria única y exclusivamente por exigir su derecho a la organización, establecido en la Constitución y en la Ley Federal del Trabajo.
Pero todavía más grave es la situación de que en cada ingenio, el STIASRM mantiene inactiva mano de obra por cuestiones de control político, obreros que no dan un solo golpe al día pese a que el ingenio les está pagando. Esto va en contra de la industria pues, ¿cómo es posible que a los obreros que no trabajan se les pague? Este es otro enemigo de la industria azucarera porque no solamente está en contra del industrial, sino también de los cañeros porque el pago a los obreros inactivos sale de los cañeros.
Cabe destacar un dato acerca de lo mal que está la productividad de los obreros mexicanos: en Australia un obrero produce 15 kilos de azúcar por hora y en México medio kilo. ¡Estamos 30 veces abajo de Australia! Así no podemos ser competitivos.
También falta modernizar la planta productiva, pero esto también quiere decir que falta capacitación entre los obreros y falta responsabilidad en el STIASRM. A fin de cuentas, lo único que vemos es terquedad para controlar un sector productivo y aferrarse al poder por parte del partido de estado, el PRI, que condiciona a productores y obreros su participación en la industria únicamente a su militancia priísta, aunque sean improductivos. Así condenamos la industria al fracaso, y para evitarlo es preciso descorporativizar y democratizar tanto a las organizaciones cañeras como al sindicato.
Aparte, sólo un 20 por ciento de los ingenios le han entrado a la modernización. El resto combina modernidad con obsolescencia, o definitivamente obsolescencia como muchos que operan como en la época de la Colonia, con equipos sumamente rudimentarios, donde se pierde muchísima sacarosa, azúcar que nosotros producimos en el campo y el ingenio desaprovecha de manera irresponsable sin pagárnosla.
Todo ello aparte de la gran corrupción e impunidad en el financiamiento a los ingenios vía Financiera Nacional Azucarera (FINASA). El proyecto de Carlos Salinas de Gortari apuntaba a una posible modernización al privatizar la industria, al inyectarle dinero fresco con el compromiso de que se modernizara. ¿Y qué pasó? Que el dinero invertido -hoy se habla de 16 mil millones de pesos- no se utilizó para modernizar la planta productiva porque sigue estando, como entonces, obsoleta.
Esos recursos se desviaron porque no fueron etiquetados, no hubo responsabilidad ni control eficiente de esos dineros que aún hoy se siguen dando. Entonces, yo propondría -y los cañeros independientes demandaremos- una precisa fiscalización de los recursos que se envían a cada grupo corporativo, a cada ingenio, con el fin de utilizarlos efectivamente en la modernización de la planta, para lo cual debe llegar etiquetado. Esto es: el dinero asignado para el campo, pues que se utilice en el campo; el dinero que venga para reparación, pues a reparación; el que venga para cosecha, a la cosecha, etcétera.
La irresponsabilidad de no fiscalizar ese financiamiento está creando un "Fobaproa azucarero", el cual no sólo va en contra de la industria, sino de los mexicanos porque si hoy los industriales se declaran en quiebra, esa deuda, esos 16 mil millones de pesos los tendremos que pagar todos.
No creo que sea cuestión de recursos ni de inyectar más dinero, sino de abordar la problemática en esos tres puntos importantes: uno, fiscalizar el financiamiento para modernización que se les está dando a los industriales; dos, que se democraticen las organizaciones porque resulta que hoy dos personas deciden por 250 mil productores de caña y no nos piden para nada opinión, y además, los muy pillos, firman acuerdos que van en nuestra contra. Me parece muy grave que dos pillos estén por encima del Decreto Cañero. Y tres, la modernización que desde luego tiene que ver con la vigilancia del financiamiento que se le ha dado. Esos 16 mil millones de pesos hoy deberían verse. Yo pediré en la Cámara de Diputados federal la creación de un grupo especial, como el que investigó CONASUPO, para indagar dónde han ido a parar esos recursos, porque la planta está en la calle.
A raíz de la privatización de los ingenios, permaneció una serie de mecanismos para, teóricamente, regular el trabajo de los ingenios. Uno de ellos es el fideicomiso de FINASA, de apoyo directo a los ingenios. Se argumenta que existe una sobrerregulación del estado hacia la industria azucarera. ¿Es esto cierto, existe sobrerregulación o precisamente lo contrario: una desregulación de este sector?
Yo diría que hace falta una regulación clara, porque sobrerregulación no hay: existe gran libertad, está el Decreto y también FINASA; todo eso es indiscutible pero hoy los dineros que vienen para el campo no están llegando.
Aunque en FINASA tengan un órgano de fiscalización, si preguntamos allí sobre los recursos para el campo o la fábrica dirán que sí se envían, pero eso sólo quiere decir que no hay un cumplimiento estricto de esa regulación.
Ahora bien, el Decreto Cañero es letra muerta para todos los ingenios: ninguno da los avíos que FINASA les entrega, aunque el Decreto marca que deben entregarse suficiente y oportunamente a los cañeros; tampoco pagan la preliquidación al mes de que el cañero terminó de cortar su caña, ni la liquidación al mes de que cerró la zafra, y no dejan que los cañeros podamos libremente participar en la vigilancia de la cuantificación del azúcar, por parte de los laboratorios, pese a que la ley lo establece, pues dos personas, en el Comité de Producción, deciden los descuentos que se les aplicarán a los productores.
No creo que haya sobrerregulación, pero sí debe cumplirse la regulación que tenemos y permitir que nosotros, los cañeros, fiscalicemos nuestro, rendimiento, los precios que se nos deben pagar e incluso la contabilidad que los ingenios llevan en cuanto a lo que nos afecta. Asimismo, FINASA también debe hacer cumplir que se etiqueten los recursos que entrega.
Lo que existe hoy es un dislocamiento de la regulación: cada quien hace lo que quiere. Es decir, libres e industriales hacen lo que quieren en contra de los productores y los obreros.
¿Qué diferencia observa usted en la administración de los ingenios, antes a cargo del gobierno y ahora que son manejados por la iniciativa privada?
Cuando fueron manejados por el gobierno, los líderes políticos se quedaban con el dinero; hoy es la iniciativa privada, conectada además con la política, quien lo hace.
No hubo mejoría, estamos peor: antes del Decreto, el cañero podía platicar con la gerencia del ingenio y llegaba a arreglos; teníamos otra forma de pago y por lo menos sabíamos a cómo nos iban a pagar. Hoy ni siquiera eso sabemos, aunque el dueño del ingenio sí lo sabe, porque desde antes de iniciar la zafra ya sabe a cómo le va a pegar al pobre cañero. Esa es la única diferencia que puedo ver.
La reconversión de la industria cañera, para hacerla rentable y que siga siendo uno de los pilares de la agroindustria en nuestro país, desde el punto de vista técnico, productivo, ¿cómo puede darse en este momento?
Primero debemos entender que la industria azucarera es un pilar importante de la economía, y por lo tanto debe ser viable y permanente. Esa es nuestra primera gran responsabilidad, no tomarla como un medio de control político o de votos. Y después debemos dejar a cada parte hacer su trabajo.
Hoy resulta que al cañero no se le permite hacer su labor. Los ingenios deciden qué variedad se cultiva, cuándo se cortará y quiénes lo harán; cuando es el cañero quien tiene la obligación de entregar su producto en la puerta del batey. Todo lo que es siembra, investigación y organización de la cosecha es responsabilidad, obligación y derecho del cañero, pero eso hoy no se permite porque el ingenio controla todo.
En cuanto a la reconversión, debemos exigirle a los industriales que si se les dan quince mil millones de pesos para modernizar la planta productiva, pues que en ello se pongan a trabajar. Pero en San Pedro, por ejemplo, donde se invirtió mucho dinero en la época de Dante Delgado -importante socio del grupo empresarial propietario de ese ingenio-, se instaló una refinería con pura chatarra, ahí está y no trabaja. ¿Dónde quedó ese dinero?
Otro ejemplo: en El Potrero la sonda mecánica, un equipo mundialmente reconocido como el más moderno y eficaz que existe para el pago de la caña, ahí está parada, sin uso. Hay que responsabilizar al industrial, que se ponga a tono con la tecnología moderna porque además se le ha dado el dinero; no que esté llorando por la cuestión de la alta fructosa.
¿Cree usted que la entrada de la alta fructosa a nuestro país es un peligro para la industria cañera?
No. De acuerdo con estudios que nosotros tenemos. la alta fructosa solamente puede sustituir al azúcar en una proporción de 15 ó 20 por ciento; es decir, no se le puede poner alta fructosa a un pan, sino sólo azúcar porque así lo exige nuestra tradición. Ahora bien: hay un 15 por ciento de diferencia entre el precio del azúcar y el de la alta fructosa. Pero si estamos al 50 por ciento de productividad en el campo y a 30 veces menos en la fábrica por obrero, sin tomar en cuenta la extracción, el rendimiento, la exigencia de fábrica... si sumamos todos estos elementos, pues somos totalmente incompetitivos con la alta fructosa
0 sea, ¿estamos produciendo entre el 25 y el 30 por ciento de lo que deberíamos producir?
Pues sin verlo de ese modo yo diría que estamos produciendo azúcar a un altísimo costo, pues si hacemos un campo productivo, si tenemos obreros capacitados que produzcan realmente la cantidad de azúcar que se debe producir y una fábrica eficiente que le extraiga la mayor cantidad de azúcar posible a la caña, pues no tendríamos ningún problema porque es posible reducir hasta en un 40 por ciento los costos de producción.
Entonces, no se trata de aumentar la producción sino de abatir el costo...
Efectivamente. Ahora bien, ¿quién firmó el acuerdo del Tratado de Libre Comercio, según el cual solamente podemos exportar 25 mil toneladas de azúcar anuales a los Estados Unidos mientras que ese país sí puede exportarnos 500 mil toneladas de alta fructosa? ¡Pues los líderes cañeros!, y de esa manera nos traicionaron porque no hay compensación entre lo que podemos exportar y lo que ellos introducen en el mercado nacional.
Pero uno de los problemas del azúcar ya como producto final es la comercialización. ¿Tenemos excedentes o no los tenemos?
Sí, tenemos excedentes: el año pasado hubo un millón 170 mil toneladas de excedente que bien se puede acomodar en el mercado. Pero insisto: sólo estamos pensando en producir azúcar, lo que falta es la reconversión real de la planta productiva. Si nosotros dedicáramos 5 ó 6 ingenios de los más de 60 que tenemos en México para producir alcohol y sobre todo etanol, con ello podríamos reducir el grave problema de la contaminación, porque el etanol no contamina igual que los hidrocarburos. Eso es reconversión. Además debemos tener también cuotas de producción, hay que pensar en que tenemos que producir, pero ordenadamente...
¿Tener acuerdos con los países que producen azúcar?
Así es. Pero... ¡Es que además fue una puñalada, una traición el hecho de que solamente podamos exportar 25 mil toneladas a los Estados Unidos cuando ese país importa grandes volúmenes de azúcar de Costa Rica y de Brasil! Aquí la traición la hicieron los mismos nacionales al firmar este acuerdo.
Y de aquí que exista un considerable excedente. ¿De qué porcentaje estaríamos hablando?
El año pasado producirnos aproximadamente 5 millones 117 mil toneladas de azúcar. El consumo nacional es de 4 millones. Estamos hablando entonces de un millón 100 mil toneladas de excedente a nivel nacional.
Y de esa cantidad, ¿cuánto produjo Veracruz?
La entidad produjo el año pasado 2 millones de toneladas, el 40 por ciento de la producción nacional, y no debemos tener problemas de comercialización porque además somos el país número uno en consumo de refrescos.

Esa es otra cuestión para regular, porque debemos proteger la industria nacional. Si protegemos cosas como el que aquí no se vendan autos de Estados Unidos para proteger la planta productiva automotriz, ¿porqué no exigimos también que el refresco. hoy endulzado con alta fructosa, que tenga que endulzarse únicamente con azúcar? Ésta es la cuestión a discutir para quienes tenemos una representación de los auténticos cañeros, cuya visión no son las cuotas ni los votos.
Somos un país "refresquero", el mayor consumidor de refrescos en el mundo, pero además somos un país desnutrido, lo cual significa que en cualquier localidad, por apartada que esté, se toman una Cocacola, un Okey, un Orange o cualquier refresco, pero no un vaso de leche.
En ese sentido, tomando en consideración que la alta fructosa es un endulzante para ricos, para quienes cuidan su peso porque no tiene calorías, propondría en el más estricto sentido ético y de responsabilidad -y también para proteger a la industria cañera- que los refrescos se endulzaran con azúcar. Así, ese chamaco desnutrido que en un rancho se toma un refresco, por lo menos tomará calorías y no alta fructosa que no le alimenta en nada.
Sí, la protección, pero ¿qué se tendría que hacer en lo inmediato? ¿Legislar, para proteger a la industria?
¡Claro! O más fácil: decirles a los industriales refresqueros que su producto se debe endulzar sólo con azúcar, considerando que el 80 por ciento del azúcar lo utiliza la industria refresquera y apenas el 10 ó 12 por ciento es para consumo doméstico. Así podríamos entrarle, pero es cuestión de responsabilidad.
En ese tenor, ¿cuáles serían las grandes líneas de acción que usted propondría para proteger a la industria, para hacerla rentable y reconvertirla? ¿Cuáles serían las grandes líneas de acción que usted cree que el gobierno y, obviamente, los actores involucrados en este proceso deben tomar en lo inmediato?
Las grandes líneas torales son:
- La descorporativización y la democratización de las organizaciones de cañeros y de obreros.
- La fiscalización de los recursos que vienen de FINASA hacia los ingenios, para que los inviertan realmente en lo que vengan etiquetados.
- La obligatoriedad de invertir esos recursos en la modernización de la industria, y desde luego, ya desde el gobierno, legislar para proteger la industria.
¿Cuál sería el punto número uno a legislar? Si el próximo año se discutirá el Tratado de Libre Comercio, pues primero vamos a legislar para que los refresqueros -ejerciendo una responsabilidad ética y social- endulcen con azúcar; luego vamos a renegociar el TLC para que sea equitativo y podamos vender el azúcar, porque además somos socios comerciales con Estados Unidos.
Eso que hicieron los líderes cañeros no sólo es una traición, sino una estupidez, porque si somos socios comerciales con los norteamericanos, ¿cómo es posible que Estados Unidos esté comprando azúcar a Costa Rica o a Brasil y no a su socio comercial? Les permitimos que en el año 2000 puedan exportar un millón de toneladas de alta fructosa, pero nosotros quedamos con 25 mil toneladas. ¿Dónde está la visión de esos líderes que hoy amenazan con hacer huelgas de "machetes caídos" y hacer un fideicomiso para la protección de los acuerdos firmados?
Hay que legislar en ese sentido:
- ¿Con qué vamos a endulzar los refrescos? Yo diría que con azúcar porque un argumento fundamental es que somos un país refresquero y mal nutrido.
- Hay dumping, desde luego, entre la alta fructosa y el azúcar. Los norteamericanos producen alta fructosa con maíz subsidiado por su gobierno, entonces es una competencia desleal, y desde el punto de vista del TLC y de los tribunales internacionales es un dumping. Ahí deberían estar luchando los líderes, que tienen esa representación, pero nosotros vamos a ser como "líderes" ante esa situación de dumping con la alta fructosa.
- Renegociar el TLC el próximo año en términos más equitativos. Si los Estados Unidos exportarán un millón de toneladas de alta fructosa a México, nosotros debemos poder exportar un millón de toneladas de azúcar a los Estados Unidos.
Pero lo importante son las tres líneas que mencioné: la descorporativización de las agrupaciones cañeras y de los sindicatos; la vigilancia estricta de los recursos que FINASA entrega a los ingenios y la exigencia de que modernicen su planta productiva para que no estén produciendo única y exclusivamente azúcar, sino también etanol, celulosa, alimentos para ganado, alcohol, mieles no cristalizables, etcétera. Hay 108 productos y subproductos que se extraen de la caña. Incluso es posible hacer madera comprimida del bagazo, que hoy por su escasez ya es un problema internacional.
Pienso que esa debe ser la visión y olvidarnos de que debemos estar organizados para que un partido pueda tercamente mantenerse en el poder; porque no veo otra intención más que ayudar a los grupos corporativos que han apoyado las campañas políticas. Si vemos el itinerario de los candidatos a gobernadores o a la Presidencia de la República, ¿a quienes visitan en las zonas cañeras?, pues a los industriales.
La trayectoria de los dueños esos grupos corporativos está íntimamente relacionada con el poder en el país, pero ellos ya no deben ver sólo esa situación de control y de poder, sino la responsabilidad histórica que el gobernante tiene en la supervivencia de esta agroindustria.
Somos exportadores y ésta es una de las pocas industrias donde México es autosuficiente. Participan en ella 150 mil cañeros, es decir, 150 mil familias dependen directamente de los ingenios. Muchos municipios de 14 estados dependen exclusivamente de esta industria. Yo puedo mencionar por ejemplo a Cardel: si los ingenios El Modelo y La Gloria cierran pues quiebra toda la economía de ese municipio; si cierran el de San Pedro, pues Lerdo, Cabada y Saltabarranca se van al traste, y si San Cristóbal cierra, truena la región, porque allí depende de la industria cañera el 50 por ciento de la gente.


















