Modelos y capacidades del sindicalismo en México. Javier Melgoza Valdivia (Entrevista)

La idea de corporativismo asociada al sindicalismo tradicional mexicano, más que el control por una vía estatal partidaria, refiere una relación compleja donde dirigencias y bases estaban involucradas; por esa razón, para el investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, las decisiones diversas que tomen los actores del ámbito productivo influirán más en la reconversión de las relaciones laborales, que la simple dinámica entre las fuerzas económicas.

Modelos y capacidades del sindicalismo en México

Entrevista con Javier Melgoza Valdivia *

Rosalío Alemán Sánchez

Transición.- En el nuevo proyecto de modernización económica que se está dando en el país, ¿qué papel juega el corporativismo?

Javier Melgoza Valdivia.- Durante mucho tiempo, el sindicalismo de México estuvo vinculado simplemente a la idea de corporativismo. Los análisis más simples definían al corporativismo como el control de los sindicatos por medio de la intervención estatal o partidaria. El corporativismo es eso, pero también mucho más, dado que implica al menos tres grandes tareas.

En principio, el corporativismo permitió que los sindicatos participaran de manera desigual, asimétrica, pero efectiva, en el diseño de políticas económicas nacionales; por ejemplo, mediante la Comisión Nacional de Salarios Mínimos.

En segundo lugar, el corporativismo facilitó la intervención y la participación de los sindicatos tradicionales en la gestión del sistema político, lo cual se reflejó en la presencia de dirigencias sindicales en puestos de representación popular: diputados, senadores, gobernadores, etcétera. Esto fue un factor determinante en regiones donde la presencia sindical era más que consolidada, tal es el caso de la Sección Uno del sindicato petrolero, donde la dirigencia sindical era al mismo tiempo la autoridad municipal.

En tercer lugar, el corporativismo significó la participación de los sindicatos en diferentes políticas destinadas al bienestar social, por ejemplo mediante las diferentes instituciones de seguridad social: IMSS, ISSSTE, FONACOT, etcétera.

De manera que el corporativismo es, más que el control de los sindicatos por una vía estatal partidaria, algo mucho más complejo, donde las dirigencias y las bases de los trabajadores estaban involucrados. Ahora bien: es precisamente este corporativismo el que está no diría "en desaparición", aunque sí sufriendo un proceso de crisis, de erosión, desde arriba y desde abajo.

¿Desde abajo y desde arriba? ¿En qué sentido?

En que la base de los trabajadores reclama cada vez más una acción sindical acorde con las demandas de los propios trabajadores como las demandas laborales, las demandas de democracia en la elección de representantes sindicales, etcétera. Entonces aquí, según veo, hay un embate contra el corporativismo desde abajo.

Y en tanto el estado tiene menos presupuesto y menor margen de acción para facilitar recursos, bienes, servicios, etcétera, cambia su política hacia las organizaciones de trabajadores. Y en esa misma medida, las dirigencias sindicales corporativizadas tienen menos elementos para continuar con la manera tradicional, convencional, de hacer política sindical. Y ese es un embate desde el gobierno, desde arriba.

¿Se podría decir que lo anterior se traduciría en la desaparición del corporativismo?

No, esto no se traduce necesariamente en la desaparición del corporativismo. Desde mi punto de vista lo que en estos momentos hay es una proliferación de modelos sindicales diversos.

Podríamos decir que en la actualidad hay grandes corrientes sindicales: una de ellas, la tradicional la aglutinada en el Congreso del Trabajo y representada de manera paradigmática por la CTM de "La Güera" Rodríguez Alcaine. Éste es un sindicalismo anquilosado, que no propone, que admite y acepta todo tipo de propuestas generadas en las instancias federales, estatales, etcétera.

Otra gran corriente sindical es la aglutinada en la Unidad Nacional de Trabajadores (UNT) y tiene como uno de sus componentes principales la Federación Sindical de Bienes y Servicios (FSBI), y tiene a la vanguardia dos sindicatos muy importantes: el Sindicato de los Trabajadores Telefonistas y el Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social. En ambos casos nos encontramos con una revitalización de la vida sindical que busca ponerse a tono con lo que se está discutiendo hoy en términos de productividad, calidad, eficiencia, competitividad, etcétera.

En el caso de los telefonistas, la experiencia sin duda alguna ha sido exitosa, y en el caso del sindicato del Seguro Social, pues se trata de un sindicato que proviene del corporativismo tradicional y está entrando en un proceso de transición con muy buenas expectativas, según parece.

¿Cuál es su opinión respecto a la postura del Sindicato Mexicano de Electricistas, respecto a la posible privatización del sector eléctrico?

El Sindicato Mexicano de Electricistas se encuentra, digamos, a medio camino. Sigue perteneciendo formalmente al Congreso del Trabajo, pero tiene una cercanía creciente con los trabajadores telefonistas y del Seguro Social.

¿Sería entonces un tipo de sindicalismo intermedio, donde no se abandona el ámbito corporativo para pasar a otro tipo de política sindical?

No. El Sindicato Mexicano de Electricistas rompió de manera tajante con el esquema corporativo de representación sindical desde 1952. Es un sindicato con una vida interna muy intensa, cada año tienen elecciones, todos los puestos son excesivamente disputados y hay una participación del 89 por ciento en todos los procesos electorales. Eso no se ve en ninguna otra organización.

Es un sindicato con. una discusión intensa y continua de los asuntos sindicales, laborales, económicos y nacionales. Pero es un sindicato que por las circunstancias actuales, es decir, por la iniciativa de reforma a la industria eléctrica, ha tomado distancia del Congreso del Trabajo y mantiene una creciente cercanía, en especial con telefonistas y con trabajadores del Seguro Social, y eso puede permitir aglutinar a un contingente sindical que propicie una nueva alianza, una nueva corriente sindical a nivel nacional.

Precisamente es lo que proponen múltiples sindicatos, como los afiliados a la CROC, al mencionar en su propuesta de reforma al Artículo 123 Constitucional y la Ley Federal del Trabajo, que sean los trabajadores quienes mediante el voto universal y secreto elijan a sus dirigentes, así como también se pronuncian por la participación directa de las organizaciones sindicales para establecer los convenios de productividad en beneficio de todos los trabajadores nacionales...

Bueno, la CROC no es el mejor portavoz de este tipo de propuestas, porque la CROC carece de tradición de vida democrática en muchos lugares del país. Tales pronunciamientos son, digamos, simplemente un discurso, pero que no se ve reflejado en la vida concreta de los sindicatos afiliados a esa central.

Ahora bien, existe una tercera gran corriente sindical: la que se aglutina en torno a la Coordinadora Sindical Primero de Mayo. Es en esta corriente en donde nosotros nos encontramos con un discurso muy beligerante, muy ideologizado, de defensa a ultranza del pasado y donde no se alcanza a percibir la irrevocabilidad de muchos cambios que ya han ocurrido a nivel nacional y a nivel internacional. Es decir, quieren vivir en el pasado cuando el mundo ya cambió.

Se trata de un sindicalismo que, por lo común, se mantiene en el nivel de la denuncia: "No hicieron esto, no pasó lo otro". Pero no tiene una practica propositiva y tampoco una discusión puntual, técnica, sofisticada, sobre los asuntos laborales.

Y junto a estas tres grandes corrientes encontramos otro grupo de afiliados sindicales: un mundo desconocido al que podríamos llamar "el mundo de la tenebra", en donde se encuentra el grandísimo número de sindicatos "de protección", es decir, de sindicatos de membrete que no existen como tales, sino a partir de un contrato colectivo administrado por alguien que a veces ni siquiera los propios trabajadores identifican.

¿Cómo definiría usted un verdadero sindicato y cuál debería ser su perfil?

Primero que tenga una representación legitima, democrática, capaz de gestionar las demandas de los trabajadores afiliados y atento a los cambios que están ocurriendo en México y en el mundo. Un sindicato moderno, efectivamente, propiciará la calificación de sus trabajadores, su capacitación y su bienestar económico, social, cultural, etcétera.

Los sindicatos de hoy deben comprender que la defensa del trabajo es, al mismo tiempo, la defensa de la empresa. Un sindicato no puede olvidar sus dos grandes tareas: una de ellas es la gestión de empleo, prestaciones y seguridad del trabajo; pero también debe preocuparse por lo que ocurre en el mundo de la producción y en la gestión de los procesos de trabajo.

¿Existe una reestructuración productiva generalizada o sólo algunas empresas la están llevando a cabo?

La que ocurre en México es una reestructuración segmentada. Hay empresas, ramas, sectores, que han entrado a procesos muy fuertes de reestructuración productiva con la introducción de nuevas tecnologías, nuevas contrataciones colectivas y formas de organización del trabajo actualizadas, pero no es una situación generalizada en todo el país.

Más bien la reestructuración productiva en México ha sido muy polarizante: un grupo de empresas que sí han tenido la capacidad, visión y los recursos para entrar en ese proceso de reestructuración, dedicadas primordialmente al mercado externo y con fuerte presencia de capital extranjero, aunque no necesariamente: hay empresas de capital mexicano ubicadas también en este grupo. No obstante, la gran mayoría de las empresas mexicanas no se encuentran en este caso.

¿La reestructuración productiva está afectando las conquistas sindicales?

En muchos casos la reestructuración productiva se ha traducido en una precarización de las condiciones de trabajo, en un deterioro de la contratación colectiva y en la pérdida de empleos y los despidos generalizados.

¿Considera que existe ineficiencia en los sindicatos para luchar por nuevas conquistas laborales y mantener las ya logradas?

Diríamos que hay una capacidad diferenciada. El grupo de la CTM y del Congreso del Trabajo, con su corporativismo de viejo cuño, sí es incapaz. Digamos que no ha tenido la voluntad, ni los recursos, ni la inteligencia para enfrentar ese asunto, pero otros sindicatos sí han sabido enfrentar estos nuevos retos.

¿Hacia dónde tiende la modernización económica? ¿A un sindicalismo independiente, sin dirigentes obreros paternalistas y clientelistas, o a la desaparición de los sindicatos?

La modernización tiene cierto impacto sobre la vida sindical, pero ese impacto no está determinado solamente por lo económico.

Los cambios en el ámbito sindical que hoy se dan, o que se dieran en el futuro, aunque tienen qué ver con las fuerzas económicas, lo principal son las decisiones que tomen los actores involucrados: los afiliados, los dirigentes, los cuadros medios, etcétera.

¿Cuál es su opinión respecto a las propuestas de reforma al Artículo 123 Constitucional de la Ley Federal del Trabajo?

La discusión sobre la nueva Ley Federal del Trabajo ya se trabó y no habrá, al menos en este sexenio, cambio alguno en ese sentido.

Lo que ha ocurrido es una modificación de la contratación colectiva, sin modificar la Ley Federal del Trabajo. Es decir: han ocurrido cambios, sí, pero se han dado desde abajo, mediante la modificación, mutilamiento o precarización de la contratación colectiva o de reglamentos internos de trabajo, convenios departamentales, etcétera.

Si hoy cambiaron las relaciones laborales, esa transformación se ha dado desde abajo, desde la practica a nivel de los establecimientos, pero no desde arriba que es el paraguas jurídico. En ese sentido sí hay fuertes modificaciones en las relaciones laborales, muchas de ellas hacia la precarización.

* Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, en el programa de Posgrado en Estudios Sociales.