Se debe luchar por una ley anticorporativa. Fernando Herrera Lima (Entrevista)
En el proceso de reestructuración productiva en México el gran derrotado es el sindicalismo, ya que las organizaciones gremiales no estaban preparadas para una evolución social como la presente; no obstante, hoy es posible ver hacia dónde marcha el movimiento obrero, pues ante la crisis del corporativismo y el fin del Estado benefactor es clara la necesidad de autonomía sindical, la mayor participación de las bases y la definición de nuevas demandas.
Se debe luchar por una ley anticorporativa
Entrevista con Fernando Herrera Lima *
Rosa Contreras Pérez
Transición.- ¿Hay una reestructuración productiva generalizada en México o sólo algunas empresas la están llevando a cabo?
Fernando Herrera Lima.- No se puede hablar de que la reestructuración productiva sea generalizada en el sentido que a veces se le atribuye. Mucha gente pensaría en un cambio tecnológico, cambio en la organización del trabajo, cambio en las relaciones laborales, cambio en el perfil de la fuerza de trabajo como un modelo complejo, etcétera.
En el doctorado en estudios sociales -antes materia de sociología del trabajo- impartido por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) hicimos un estudio en 14 zonas industriales del país, entrevistando a los empresarios acerca de la reestructuración productiva, lo que dio lugar al documento "Modelos de Industrialización en México", editado por la propia UAM. En esa investigación encontramos que la reconversión productiva en México es muy polarizada: unas cuantas grandes empresas, generalmente exportadoras y de capital extranjero, ubicadas en sectores importantes y no marginales, sí llevaron a cabo procesos importantes de reconversión: cambio tecnológico, cambio en las formas de organización del trabajo, reformas modernas atomizadas o como se les quiera llamar, relaciones laborales flexibles, entre otros. Sin embargo, en la gran mayoría de las empresas del sector manufacturero de México no hay elementos de reestructuración laboral, sino procesos muy fuertes de flexibilización unilateral de las relaciones laborales.
¿Qué quiere decir esto? Que en la mayor parte de las industrias mexicanas existe precarización de las relaciones laborales del empleo y del salario, despidos, desarticulación de los contratos colectivos, imposición unilateral más allá de la contratación colectiva, y en general una flexibilización unilateral de las relaciones laborales.
¿La reestructuración productiva está afectando las conquistas sindicales?
Por supuesto que sí. El gran derrotado en este proceso de reestructuración productiva en México ha sido el sindicalismo, aunque hay otros, porque los sindicatos mexicanos no estuvieron preparados para un proceso de este tipo y en todas sus variantes: el corporativismo oficial, el sindicalismo llamado independiente y el sindicalismo "blanco".
El sindicalismo oficial se mantuvo incondicional ante los procesos de reestructuración tal y cómo lo marcaron las entidades gubernamentales o las empresas. El sindicalismo denominado "independiente" en tanto no pertenece al Congreso del Trabajo, si bien es más crítico frente a la política oficial -"anticharro" como se decía antes-, tampoco estuvo preparado para enfrentar estos procesos tan fuertes de reestructuración industrial.
El caso que conozco más es el sindicalismo de la industria automotriz, porque dediqué muchos años a estudiarlo: un sindicato muy independiente, muy autónomo a pesar de pertenecer al Congreso del Trabajo y a la CTM fue el de la Ford, que incluso dentro de su propia central negociaba directamente con la empresa y rompiendo el tripartismo: sólo denunciaban ante las juntas el resultado de la negociación.
Esto lo hacían casi todos los sindicatos de la industria automotriz en la década de los Setenta y consiguieron conquistas muy interesantes que desbordaban el horizonte de las conquistas sindicales de otros sectores. Pero cuando se presentó con mucha fuerza el proceso de reestructuración en la industria automotriz, los sindicatos se limitaron a defenderlas conquistas sin ver todo lo que estaba cambiando y ahí fueron derrotados, uno tras otro: los contratos colectivos fueron mutilados, hubo despidos masivos, cambios unilaterales, y en muchos casos retrocesos terribles como salarios muy bajos, jornadas laborales controladas unilateralmente por la empresa y hasta el cierre de las antiguas plantas.
Hubo un gran aletargamiento de la vida sindical en México desde mediados de los Ochenta a mediados de los Noventa. A partir de 1994 empiezan a reestructurarse algunas organizaciones sindicales y hoy vemos una recomposición del sindicalismo en México, aunada a una restauración de la vida sindical tanto hacia las empresas como en relación a aspectos importantes de la vida nacional, como el debate acerca de la privatización de la industria eléctrica.
¿Hay ineficiencia en los sindicatos para luchar por nuevas conquistas y mantener las ya logradas?
En este momento se está recomponiendo el sindicalismo mexicano: se redefinen sus proyectos, sus expectativas, sus alianzas, sus formas de ver al país, a las empresas, a lo laboral. En este sentido, más que ineficiencia, tenemos un periodo de maduración para que este nuevo sindicalismo, en condiciones muy cambiadas por este proceso de transformación del estado -fin del estado benefactor y crisis del corporativismo- asuma un nuevo perfil, en donde las conquistas surgirán más bien del mismo proceso y de la defensa de conquistas antiguas.
No obstante, veo muy poco qué defender de lo que hoy tiene el sindicalismo, aunque sí hay sindicatos que pueden defender lo que tienen y no es poco: telefonistas, electricistas. Sin embargo, esas organizaciones sí han sido eficientes para defender lo que tienen, incluso saliéndose de la estricta negociación del contrato colectivo y yendo incluso a promover movilizaciones sociales mucho más amplias, como la defensa del sector eléctrico nacional.
En la reestructuración económica, ¿qué papel juega el corporativismo?
Debemos entender, en cuanto al corporativismo, que la interrelación entre sindicatos, empresarios y gobierno es muy compleja, pues el sindicalismo corporativo tiende a reducirse a la idea de líderes "charros", como se decía antes. Esta relación corporativa hoy está desgastada, pero en el proyecto de reestructuración productiva, en particular de flexibilización salvaje de las relaciones laborales, del empleo y del salario, tuvo mucho que ver el corporativismo. De la Madrid, Salinas y Zedillo pudieron imponer mucho más fácilmente todas estas políticas gracias al corporativismo.
¿De qué vivía antes el corporativismo? En la época del desarrollo estabilizador, el sindicalismo corporativo vivía del apoyo gubernamental y, por supuesto, de un manejo muy deshonesto de las cuotas sindicales. Pero la estructura sindical corporativa también era el canal del estado para canalizar el gasto social hacia los trabajadores: vivienda, educación, salud consumo y en algunos momentos esparcimiento. Ello creaba una gran legitimidad y le hacía jugar al corporativismo un papel de redistribución del ingreso mixto.
Pero con la crisis de 1982 viene la contracción del gasto público y del gasto social. Entonces los dirigentes corporativos se convierten en los encargados de hacer que los trabajadores asalariados acepten las medidas gubernamentales, incluida la privatización por sectores, y pierden esa capacidad de intermediación que es la base del sindicalismo para fungir como meros ejecutores de la política oficial.
¿El corporativismo está en crisis por el proyecto de reestructuración económica?
No sólo por el proyecto de reestructuración, ni por la nueva política económica; la crisis también es cronológica. Por anciano que estuviera Fidel Velázquez a veces era coherente, pero el actual dirigente de la CTM y del Congreso del Trabajo es una persona con una incoherencia ; una gran incapacidad para el menor razonamiento lógico. No es un problema personal, sino de esclerosis estructural del corporativismo mexicano en su fase sindical.
Una crisis como la del corporativismo sindical se explica por muchas razones: se explica porque cambió el escenario económico del país, pero también el escenario político. Hay que recordar que el sindicalismo oficial en México fue uno de los principales captadores de votos en los simulacros de elecciones que teníamos anteriormente. El SNTE, el sindicato petrolero y muchos otros, eran los grandes captadores de votos no porque la elección se fuera a perder, sino porque había que simular que existían elecciones.
Los sindicatos entonces eran agentes privilegiados y a cambio recibían presidencias municipales, diputaciones, gubernaturas, etcétera. Es decir, también el cambio en el sistema político mexicano, la democratización -a tirones o como se quiera-, esta transición nunca acabada o quién sabe qué elemento del sistema político mexicano, ha sido un factor muy fuerte para acentuar la crisis interna del corporativismo. También la reciente salida del SMI del Congreso del Trabajo es muy importante, algo para valorar en este proceso de crisis, que se suma a la anterior salida de lo que es ahora la UNT
De estar en crisis el corporativismo, ¿hasta qué punto le afectaría al régimen puesto que ha estado basado en la existencia de estas organizaciones por muchos años?
Sí le afecta, por supuesto, pues las organizaciones y los dirigentes corporativos eran los encargados de legitimar el sistema a través de la formación colectiva de juicios de valor y como captadores de votos. Cabe señalar el importante papel que jugaron los sindicatos como guardianes del orden público, pues una de las funciones centrales del corporativismo fue impedir la movilización de los trabajadores industriales en los sectores estratégicos. Por las buenas con recursos del gasto social y ciertos beneficios, y por las malas con represión y golpes en muchos casos.
Ese papel de mantener el orden público en los sectores estratégicos -económica y socialmente- como la electricidad, el petróleo y los maestros, es uno de los principales elementos que explican la estabilidad política, tan fuerte y tan longeva, que tuvo México desde Lázaro Cárdenas hasta 1988. Entonces, por supuesto que la crisis del sistema político afecta el corporativismo y viceversa. Son piezas ensambladas y fundamentales una para la otra.
¿La reestructuración económica tiende a un sindicalismo independiente, sin dirigentes obreros paternalistas y clientelistas, o a la desaparición de los sindicatos?
¿Qué estamos viendo hoy en México Una conversión del sindicalismo, no su extinción, a pesar de lo que dijo el lenguaje neoliberal posmoderno hace 10 ó 15 años. Los sindicatos no están desapareciendo en México ni en Europa, ni en Estados Unidos, ni en Japón; por el contrario, aparecen formas sindicales nuevas como organizaciones que aceptan discutir en torno a la productividad.
La hipótesis de la desindicalización total de las relaciones laborales no tiene el menor sustento. Más bien podemos pensar que el presente es un momento privilegiado para ver el futuro del sindicalismo en México: hacia ciertos elementos de autonomía frente al Ejecutivo, hacia ciertos procesos de descorporativización, de mayor participación de las bases en sus organizaciones, a la definición de nuevas demandas.
Con ello, el sindicalismo que podemos prever no será totalmente "independiente", es decir, contestatario, de denuncia, que se opone a todo, que no quiere nada con negociaciones sino sólo a base de enfrentamientos; pero tampoco será posible un corporativismo como el que se dio en México de los Cuarenta a los Ochenta, de una total subordinación a la política oficial y en donde lo más importante no fueron las relaciones laborales o con la empresa, sino con el estado.
¿Cuál es su opinión respecto a las propuestas de reforma al Artículo 123 Constitucional y a la Ley Federal del Trabajo?
A mí me extraña mucho cuando hay posiciones cerradas como la exigencia de no alterar, en ningún sentido, la Ley Federal del Trabajo, pues creo que esa ley pone a los trabajadores en las manos del gobierno y los empresarios. La Ley Federal del Trabajo mexicana, desde el punto de vista de los derechos de los trabajadores, creo que es indefendible; puede haber algunos logros, pero puede haber muchísimos mejores.
La actual Ley del Trabajo defiende al peor corporativismo al poner la cláusula de exclusión en las manos de los dirigentes sindicales para correr a quien se oponga. Así garantiza que sean las direcciones sindicales y nos los trabajadores sindicalizados quienes decidan sobre emplazamientos a huelga, selecciones y todos los procesos sindicales internos y de negociación colectiva.
Hay propuestas muy interesantes al respecto. El Frente Auténtico del Trabajo manejó algunas ideas y las propuestas de reforma tanto del Partido de la Revolución Democrática como del Partido Acción Nacional -hecha por uno de los mejores laboristas de México: Néstor de Buen- tienen elementos muy rescatables y anticorporativistas.
Es una muy mala ley y desde mi punto de vista, lo mejor para los trabajadores mexicanos será luchar por una ley totalmente distinta, anticorporativa, que garantizara la participación de los trabajadores, de las bases sindicales, en procesos como la elección de dirigentes, el manejo de cuotas, los emplazamientos y estallamientos de huelga etcétera.
* Doctor en estudios sociales por la Universidad Autónoma Metropolitana.


















