Veracruz: improvisado fomento al empleo. Jaime Garcés Veneroso (Entrevista)
La política de generación de empleos y su vinculación con el mercado globalizado carece en Veracruz de la planeación que debiera tener, ya que no se intenta resolver el problema de fondo: elevar el nivel de vida de los trabajadores en la entidad; lo cual, en opinión del diputado local y abogado, se refleja en propuestas de reforma a la legislación laboral vigente que pretenden restringir los derechos de los trabajadores y limitan el alcance de la nueva cultura productiva que es necesario impulsar.
Veracruz: improvisado fomento al empleo
Entrevista con Jaime Garcés Veneroso
Diputado del PRD en la LVIII Legislatura del Estado
Gina Domínguez Colío
Transición.- ¿Existe en Veracruz, una política laboral que garantice la generación de fuentes de empleo y la protección de la clase trabajadora?
Jaime Garcés Veneroso.- No existe una planeación acerca del empleo, del trabajo ni de la inversión, tres rubros importantes. Respecto al empleo, vemos con tristeza que cada día es mayor el número de desempleados en toda la República. Aumentan en nuestro Estado las amenazas de cierre de empresas de PEMEX; la participación de la iniciativa privada es escasa; los despidos son pan de todos los días, y el Estado no está preparado para la generación de empleos.
Por otro lado, lejos de estar planeando a corto, mediano y largo plazo la generación de empleos y su vinculación con los mercados internacionales, se está actuando sobre las rodillas y de manera emergente, tratando de generar empleos eventuales que apenas son un "mejoral", un paliativo, para la clase trabajadora: no resuelven el problema de fondo pues no existe una política de promoción del empleo a nivel federal ni estatal.
En cuanto a la seguridad social, para los trabajadores es magra, raquítica. Se permite, fuera de la ley, que los patrones no contraten el Seguro Social para sus trabajadores y esto no es vigilado por nadie; pareciese que hay complicidad entre la parte patronal y el propio IMSS. Por su parte, las autoridades laborales permiten que se violente la ley mediante el otorgamiento de dádivas personales, concesiones y de esta manera podemos observar que autoridades del trabajo locales y federales tienen un nivel dé vida muy por encima de lo que sus salarios les permitirían.
En materia de inversión, el problema es más grave aún: nuestro país vive una serie de altibajos que en nada dan seguridad a los grandes capitales extranjeros. Hay una falta absoluta en el Gobierno Federal de una estrategia que logre estabilizar la moneda y, por ende, la economía; que permita lograr índices inflacionarios similares a los de los países industrializados, donde no llegan a dos dígito, y desde las instancias gubernamentales se han permitido grandes golpes a la economía de este país. La política en materia de inversión está más centrada a proteger los capitales que en promover fuentes de empleo, pues no hay generación de empleos ni de servicios.
En Veracruz, el gobernador Miguel Alemán Velazco prometió generar 60 mil empleos en su primer año de gobierno. Hemos visto empleos, sí, pero de carácter eventual; en el discurso oficial se afirma que suman más de 20 mil los empleos generados a la fecha, pero si es que existen, éstos deben estar ubicados en el área de la construcción, en la obra pública, y son los mismos que año con año se generan, empleos eventuales que no contribuyen al abatimiento del desempleo y menos aún a impulsar el desarrollo del Estado.
Se habla de la posibilidad de instalar maquiladoras como una opción ante el desempleo en Veracruz, pero todos sabemos que el mayor porcentaje de las ganancias que esa industrió genera sale al extranjero; con esa medida lo único que haríamos sería competir en un mercado internacional con una mano de obra barata, mal calificada, lo cual significa que ni siquiera podremos acceder a tecnología de punta; eso, lejos de ayudarnos, nos coloca en una posición similar a la de la Edad Media.
Los bajos salarios, la indefensión laboral y la escasez de mano de obra calificada repercute directamente en los niveles de productividad y en el nivel de vida de los trabajadores. ¿Es necesario legislar en la materia a nivel local para mejorar la condición de la clase trabajadora?
Definitivamente. Si se cumplieran los postulados fundamentales de la Constitución General de la República, la situación de los trabajadores sería distinta en todos los planos, esto es: poder acceder a una vida digna que implica vivienda, salud, educación, alimentación y esparcimiento; entonces hablaríamos de una nueva cultura del trabajo, de una nueva cultura de vida de los mexicanos. Hoy estamos en la posibilidad de transformar nuestra Ley Federal del Trabajo, se han realizado distintos foros a nivel nacional -en 5 grandes ciudades- donde se han enunciado muchas propuestas, más de mil reformas laborales. Así, las principales deberán analizarse con mucho cuidado, pues incluso hay planteamientos que trastocan la seguridad social del trabajador en cuanto a su trabajo, como aquella de convertir al trabajador en una mercancía que venda su fuerza laboral. Este asunto debe tratarse con excesivo cuidado para impedir que este tipo de planteamientos prosperen.
Otras propuestas plantean la necesidad de depurar la integración de los tribunales del trabajo. Esto debe estudiarse con mucha seriedad, y puntualizar mucho en ello. Insisto: el tener autoridades que pueden fácilmente cambiarla ley, torcerla, afecta a la clase trabajadora y al sistema productivo del país. Mientras el trabajador no tenga la seguridad de su trabajo y sepa que ante algún hecho que corrompa el ambiente laboral él no será escuchado, ante este tipo de situaciones el trabajador se ubica en la inercia del mínimo esfuerzo.
Son cuestiones que están hiladas: si el trabajador tuviese un salario digno, decoroso, que le permitiera solventar los gastos de su familia, tendríamos una persona dedicada a su trabajo, mucho más productiva, lo cual impactaría en los mercados hacia arriba o hacia abajo, dependiendo de la oferta y la demanda.
Sin embargo esto no sucede en México. Aquí nos enfrentamos al fenómeno de concentración de la riqueza en pocas manos y cada vez más acentuada. Recuerdo que en 1985 se hablaba de que el gran capital nacional se encontraba en 360 familias, luego del "crack" de la bolsa de 1994, con el famoso "error" de diciembre, esa cifra disminuyó a 150 familias poseedoras de la riqueza de este país; hoy estamos hablando de menos de 100 familias que detentan la riqueza en México. Esto refleja la concentración del capital nacional en unas cuantas manos, en detrimento de las grandes mayorías y de las propias instituciones porque esos grandes millonarios evaden impuestos, no cumplen con su compromiso social con la Nación.
Necesitamos una reforma que prevea una más justa repartición de las utilidades que genera el trabajo, que la serie de obligaciones que el patrón tiene con la clase trabajadora se cumpla y obligarlos a que esto sea un hecho; pero también es cierto que nosotros requerimos de una clase trabajadora más capacitada. Éste es uno de los principios que debe regir en las reformas, la obligatoriedad del patrón de capacitar al obrero y en correspondencia, el trabajador recibe esa capacitación para adecuarse a los cambios tecnológicos; de no hacerlo así estaremos cada día más sumidos en la prehistoria de la industrialización mundial y tendremos una mayor dependencia del exterior en todos los planos.
Hoy estamos a tiempo de rectificar el camino. Espero que las reformas a la Ley Federal del Trabajo vayan en serio y que se obligue a ambos partícipes a cumplir con su parte en el proceso productivo.
¿Qué papel juegan los sindicatos en esta realidad, y en la tarea de transformarla?
La mayoría de los sindicatos son organizaciones "blancas", que defienden fundamentalmente a la parte patronal a través de algunas concesiones que los dirigentes sindicales reciben. La parte sindical tiene que ser revisada. Su figura, el hecho de utilizar políticamente a estas organizaciones de trabajadores y que a través de cooptación, presión o amenazas sean utilizados electoralmente por algún partido o gobernante, es totalmente contrario a lo que la Constitución mandata.
Los sindicatos deben ser verdaderas instancias de protección a la clase trabajadora, no organizaciones que protejan corruptelas, ausencias laborales y deficiencias productivas.
Muchas veces los sindicatos son verdaderas mallas que inhiben la inversión y la generación de empleos en un estado o región. Hoy si se pretende atraer grandes inversiones en Veracruz, el sindicalismo debe cuidarse entonces como una opción de defensa del trabajador, mas no de complicidad o contubernio con el poder económico y político.


















