Editorial
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Ecología y ¿desarrollo?
Desidia, ignorancia, corrupción y pasividad son los elementos que han originado la grave situación ambiental que hoy vive Veracruz.
Sumamente compleja, sin salidas a corto plazo, la circunstancia que enfrentamos en relación a nuestros recursos naturales obliga a hacer un alto en el camino y replantear nuestro actuar frente a la depredación de la flora y fauna del estado, de la contaminación de mantos de agua y del aire que respiramos.
Sin políticas ambientales realistas, sin cultura de protección al medio ambiente, Veracruz afronta hoy las consecuencias de años y años de abandono de su hábitat.
El "progreso" ha costado demasiado en esta entidad, considerada como uno de las más ricas en recursos naturales; ingenios, beneficios de café, industria petrolera y crecimiento urbano han originado la contaminación de todos los mantos acuíferos de Veracruz; la deforestación de sus selvas y bosques a causa de la pobreza extrema de los habitantes que circundan esas áreas, ha propiciado el cambio de clima en muchas regiones.
La ausencia de una política pública de protección al medio ambiente, una legislación obsoleta y limitada en su actuación por la Federación, son el marco ideal para que la depredación ecológica siente sus reales en Veracruz.
Es urgente tomar medidas para frenar el deterioro ambiental en el Estado e impedir que, como sociedad, acabemos con los recursos naturales que son la garantía de sobrevivencia para ésta y las próximas generaciones.
La corresponsabilidad Gobierno-Sociedad es un factor indispensable para atender y resolver la cuestión ambiental; el esfuerzo debe ser compartido: autoridades y ciudadanos debemos sumarnos a fin de establecer los mecanismos más adecuados para atender esta problemática. Las acciones no pueden ser aisladas, tampoco temporales, sino que deben estar planeadas para obtener resultados en el corto plazo.
Debemos pasar del discurso ambientalista a la puesta en marcha de un verdadero programa de recuperación y protección del hábitat. No hay espacio para más indolencia, si no queremos que el destino nos alcance.



















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