Cultura en Transición. Apuntes para documentar la evolución del rock xalapeño. Homero Ávila Landa

Actualmente el rock de Xalapa es parte de la cotidianidad juvenil urbana y en una medida lo es también de la dinámica cultural generada en los espacios institucionalizados del quehacer cultural xalapeño; pero este avance en el terreno juvenil roquero para la consecución de los espacios e identidades tiene su historia, su antecedente que hizo posible su evolución cultural como parte de un referente juvenil histórico que aún está por construirse.

Apuntes para documentar la evolución del rock xalapeño

Homero Ávila Landa *

Aunque la presencia del rock en Xalapa tiene ya varias décadas, éste no había producido un testimonio tan acabado como producto total, a manera de concreción de un momento creativo, como lo vienen a ser las grabaciones en discos compactos de algunas bandas citadinas 1. La carencia de testimonios, ya sean demos o CDs, se convierte en un dato que forma parte del contexto de la época del rock xalapeño sin promoción, sin capacidad de cristalizar y marcar algún punto de despegue de un rock original que testimonie su producción durante los años que van de los Sesenta hasta mediados de los Noventa. Hablamos, pues, de un tiempo donde no se contemplaba la grabación de discos o ésta no era posible, una época en la que no había condiciones de grabación como existen hoy.

Los roqueros de años anteriores tienen su versión de los hechos: por lo general, opinan que la tecnología no les hizo justicia, pues ésta era cara y difícil de hallar en la ciudad, o bien no había pretensiones de grabación ni canciones propias. Varios de ellos continúan haciendo música, lo que nos habla de precedentes y del desconocimiento general de la trayectoria del rock en Xalapa, hacia finales de los Noventa e inicios del nuevo siglo respecto a esa historia no contada.

El consumo del rock original

Un bien cultural como la música, en este caso la grabada, viene a marcar diferencias, distancias, formas de hacer y producir dentro de esto que podemos llamar rock xalapeño.

De hecho, la existencia de discos compactos y sobretodo de demos, cuenta la nueva trayectoria del rock en la ciudad. Hoy, el acceso a grabaciones se presenta como posible en la medida del costo y de la cantidad de bandas que se proponen grabar música en formatos profesionales -aunque de fabricación modesta- como los arriba mencionados. Por otra parte, el que la mayoría de grupos de rock estén más interesados en hacer sus propias letras, crear atmósferas y construcciones musicales originales con posibilidad de insertarlas, también impulsa a grabar, puesto que expresan un parecer profesional y particular de las circunstancias que experimentan en los años Noventa; al menos así lo demuestran las bandas que han documentado su trabajo.

¿Hasta dónde llegaría la discusión acerca de si contamos con rock xalapeño o simplemente con rock en Xalapa? La condición que en alguna ocasión propusimos (Juan Pablo Zebadúa y Homero Ávila, Anónimos Suburbios N° 4) para considerarlo como xalapeño y no simplemente en Xalapa, era la originalidad, la creatividad a partir de la producción distanciada de la repetición, imitación o copia, como lo fueron los fusiles (covers), hechos a las grandes bandas del rock nacional o de cualquier otra parte. Me parece, al menos, que a partir de que la mayor parte de las agrupaciones en la capital veracruzana tocan sus propias rolas, se ha posibilitado la génesis de públicos y sentidos de infraestructura, de una corriente cultural que puede denominarse rock xalapeño.

Las viejas bandas de rock en la ciudad pudieron tocar fusiles y ello nunca desmereció para ser roquero, incluso para marcar el origen del rock en la ciudad en la modalidad de reproducción o reflejo al hecho en la Ciudad de México y al importado. Pero el grado cualitativo en su evolución lo marca la producción original impresa y los públicos que la consumen. En este sentido, es Amorfos la agrupación que consigue editar el primer disco compacto de rock original en Jalapa hacia la segunda mitad de los Noventa.

La nueva infraestructura

La historia de este fenómeno en la ciudad tiene que hablar definitivamente de una evolución que incluye músicos, pero también una infraestructura antes inexistente, e incluso audiencias y anhelos nuevos que han llevado al rock a convertirse en opción efectiva en la creación musical y en los públicos de la sociedad capitalina, como cultura reconocida y dispuesta a oferta, circulación y consumo. De la infraestructura son destacables dos puntos: a) la apertura de "antros" donde se contrata (o explota) a grupos de rock original, y b) la presencia de ingenieros de sonido que se han hecho dentro de la propia escena roquera, tocando incluso en bandas de este género.

Norberto Cuevas es el principal músico que evolucionó en ingeniero de sonido; hoy es conocido por toda banda que ha grabado algún demo, dat o disco compacto. En parte, sus habilidades como instrumentista le han permitido "oír" las cualidades y "leer" las necesidades técnicas y tecnológicas de las agrupaciones con material grabado. En su pequeño estudio, casero primero y profesional ahora, se han sazonado y guisado productos de calidad suficiente para involucrarse en el mercado del rock nacional. Aunque hay en la ciudad otros sitios o estudios de grabación donde se puede producir música grabada, el de Norberto destaca por su afición al rock y por el enriquecimiento que, sin saberlo bien a bien, ha hecho al rock xalapeño. Su papel ha sido impulso que se convirtió en aporte.

Desde que el rock existe siempre hubo espacios para este género en Xalapa, aunque hay quienes incansablemente repiten eso de que para los jóvenes no los hay y si son roqueros, menos. Si bien esos lugares no eran, digamos, instituidos para roquear, sí eran espacios donde se podían hacer tocadas. Eso habla de la fuerte voluntad de las juventudes de antaño por abrir su valioso momento de libertad y expresarse. Y claro, siempre hubo seguidores para ello, así ocurrieran los eventos en fiestas particulares, escuelas, cafeterías, neverías o en el frontón que existió donde hoy se levanta la Torre Hakim. De igual manera, a finales de los Noventa surge una asociación de grupos de rock que reúne a bandas de varias ciudades del estado de Veracruz: Orizaba, Xalapa, Veracruz, Córdoba, Coatepec y Coatzacoalcos, lo cual muestra también la persistente voluntad juvenil roquera por abrirse espacios para su expresión, aunque ahora conlleva la óptica empresarial para el crecimiento que buscan en el medio.

Es a partir de los años Ochenta cuando algunos empresarios abrieron lugares (entre otros, el Bananas Club) y probaron con el rock como modo de hacer dinero y lograr "ambientes" ya no ligados a la tradicional, cerrada, monótona vida cultural xalapeña. Estos jóvenes empresarios realmente arriesgaron apostando al rock como centro de su oferta y, al parecer, por las frecuentes apariciones y desapariciones de antros, no siempre fueron negocio. Entonces surge la ingrata consideración sobre el músico roquero como reventado, huevón, que no merecía cobrar sino poner de su dinero para poder actuar en público en un espacio ex profeso. Esto, por otra parte, habla del rock como negocio, como contextuado a fortiori, por el mercado y desde las industrias culturales que en torno suyo fueron apareciendo.

Todavía a finales de los Noventa, el revelador artículo de Juan Pablo Zebadúa (La Maga Zine N° 2) constata la actitud tiburonera de los empresarios del rock, aunque por otro lado, ello también habla de la industrialización y comercialización-profesionalización del género en Xalapa, y es de atender que a mayor profesionalismo en éste, mayor extracción clasemediera de los miembros de las bandas de rock 2. Así, en los años Noventa las clases populares quedan lejanas al acceso en directo al rock xalapeño y a su mundillo fresa. Las clases subalternas irán creando su propia expresión roquera y no necesariamente en torno a grupos de música local, pues el costo del equipo, de los instrumentos, de la propaganda y del hacerse profesional es bastante alto. Hay una exclusión vía factores económicos y ello da pie a estigmas distintos entre jóvenes roqueros de una u otra clase, a la vez que genera circunstancias para identificaciones múltiples que cruzan los factores de clase, de apropiación, de participación y conformación de pertenencias o identidades.

Un elemento más a considerar dentro de los impulsos al rock local, es el hecho de que la proyección nacional que tiene el movimiento roquero de la Ciudad de México ha llegado en distintas oleadas a Xalapa, y por ello bandas como Amorfos, La Morena, Aleaciones, Marídala y Zotz, por hablar de los casos más recientes, han participado en las presentaciones de grandes bandas de rock mexicano como grupos abridores imitados, incluso algunos de ellos los han acompañado en giras.

Décadas atrás, la existencia de bandas xalapeñas también con cierto cartel dejó huellas para la historiografía de nuestro rock: ejemplo rápido es Country Blues, que dio giras fuera del Estado y tuvo algún reportaje en la importante revista especializada Conecte. Más atrás estuvo el grupo La Parada Suprimida, el cual igualmente grabó y tuvo sus minutos de fama. Podemos ver, entonces, que el rock de esta ciudad no es un fenómeno exclusivo de los Noventa, sino que existe una historia no contada del mismo, la cual transcurre desde los años Sesenta. Tal historia está por escribirse y cuando se haga deberá tener en cuenta los cruces vividos para su bordado, porque ahora se entremezclan aspectos como las industrias culturales, la originalidad y resistencia de la cultura popular, como entes enfrentados y relacionados; también se incluirán las etapas de cómo el rock fue haciéndose presente, diversificando y ganando su naturalización en la ciudad; de cómo se incorporaron los medios, se produjeron mensajes, estilos, significados, públicos, empresarios. Deberá hablarse de la estética y ética del mismo, de su situación ante las instituciones, sobre todo las político-administrativas.

El rock como una realidad cultural urbana

La cada vez más constante aparición de los jóvenes que escriben sobre el tema significan un elemento más que explicaría la extensión que el rock está teniendo desde finales de los años Ochenta hasta hoy. Los medios por los cuales se ha hecho presente y acompañado del fenómeno son radio, televisión y prensa escrita, esta última en la versión de revistas más que a nivel de diarios. Los media, más que permitir la amplitud de criterios, se convirtieron en centros que dictaron gustos demasiado personalizados y no elaboraron referentes para la lectura del rock y así poder escucharlo de otra manera; es decir, para comprender con la mayor amplitud posible los significados del rock como música, pero sobre todo como cultura. En cambio, los articulistas lograron hacerse fama y comenzaron a dar opiniones "doctas".

Otra institución que también podemos considerar en estos "impulsos" es la Iglesia católica, puesto que algunos grupos durante festividades religiosas han aparecido en programas radiofónicos de ésta (La Morena, Rollin Paper, algún 12 de diciembre), logrando una promoción bastante extraña pero que les hizo visibles socialmente por causas sui generis según la tradición roquera. Por su parte, los partidos y grupos de representación política han llevado bandas roqueras a sus eventos proselitistas, aunque estas instituciones más que impulsar al rock de la ciudad lo han aprovechado, pero no dejan de ser significativas como dato histórico. 3

Quizá, el factor más importante para la gestación de un mundo roquero xalapeño lo son los muchos jóvenes que han creado bandas de rock, que aunque no siempre alcanzaron ciertos niveles de interpretación o no contaron con la tecnología adecuada, tanto como con los espacios y el contexto donde crear musicalmente, al menos sostuvieron con su música y actitud la existencia del rock, y tal vez llenaron las necesidades de contingentes de chavos aficionados a éste como cultura, como un fenómeno social estrictamente xalapeño. Es decir, no como consecuencia del rock gringo o inglés, o explicado a partir de la centralista costumbre de tener al DF en calidad de modelo a seguir, los cuales, sin dejar de ser importantes, no alcanzan a exponer al rock xalapeño en su totalidad.

Notas:

  1. Un caso aislado ocurrió hacia finales de los años Ochenta cuando el grupo de reggae Splash! grabó un disco de larga duración y posteriormente produjo otro; dos de su miembros eran del estado de Veracruz: uno de Xalapa (Jacinto), y otro de Coatepec (Fayín). Ambos habían tocado antes en bandas de rock de la ciudad (Rokken, por ejemplo) y luego migraron para hacerse de nombre y "triunfar" en un circuito raro que es el del Caribe mexicano (en Cancún específicamente). Ya como Splash!, tocaron en Xalapa presentando su disco y también, en 1994, en la disco La Mulada. En los años Sesenta, otros jóvenes formaron grupos como La Parada Suprimida o Los Monkees y también grabaron discos de larga duración, pero la memoria roquera xalapeña no los registra como debiera.
  2. Una constante de los grupos de rock en Xalapa, desde los Sesenta hasta hoy, es su extracción de clase media; una explicación son los costos que conlleva conseguir instrumentos y equipo de sonido como amplificadores, micrófonos, pedales de efectos, etcétera. Así, en lo que se refiere a los grupos, no podemos pensar en el rock de la ciudad como perteneciente a sectores populares (aunque también sabemos que las clases medias bajas rozan intensamente con éstos).
  3. También debe tenerse en cuenta otros factores que en torno al rock xalapeño han estado presentes, como son las posibilidades que el enmarcado roquero ha ofrecido a lo largo de las décadas xalapeñas. Me refiero a la utilería roquera: playeras, discos, revistas, artículos para el atuendo de un chavo roquero y para conseguir información acerca de sus intereses musicales, ideológicos, afectivos, etcétera.

* Antropólogo social egresado de la Universidad Veracruzana e investigador sobre la cultura del rock en Xalapa.