La edad de las sociedades. Rodrigo de Dios Urbina
Para encontrar nuevas categorías que permitan comprender los problemas que plantea la convivencia social contemporánea, es necesario identificar como relevantes a los grupos sociales cuya cohesión depende de las nuevas circunstancias que emergen de la dinámica social; de aquí la importancia del estudio sobre grupos y sujetos sociales cuya identidad está construida por determinantes diversas, incluso ajenas a su participación económica.
La edad de las sociedades
Rodrigo de Dios Urbina *
Las categorías para el estudio de las sociedades humanas han cambiado a partir del inicio de la edad "posmoderna". La caída del muro de Berlín representó para la historiografía del fin de siglo la señal de que la polaridad enfrentada de las clases era ya obsoleta como fenómeno geopolítico, de ahí que con la crisis del socialismo real el análisis de los fenómenos sociales y sus causas necesite de nuevos referentes porque nuevos grupos, con intereses propios y características específicas, emergen en la configuración de las sociedades actuales.
Así, se empieza a observar que el concepto de clase social, aunque aún vigente, es una categoría limitada pues define el conflicto social como una lucha entre dos grupos antagónicos, lo cual deja de lado aquellos grupos sociales y actores políticos que se definen a partir de una identidad ajena a su participación en el aspecto estrictamente productivo de la sociedad.
Hoy vemos que el conflicto social no se reduce a la posición que un grupo humano ocupa dentro del esquema del reparto del producto social.
Por ello emergen nuevas categorías sociales relevantes, las cuales se definen a partir de la diferenciación externa y de la similitud interna de intereses no sólo económicos o políticos, sino sobre todo culturales; cabe añadir que tal idea parte del contexto de una comunidad mundial cada vez más heterogénea, la cual involucra a los individuos como sujetos sociales relacionados a través de la globalización económica y de la información.
De este modo aparecen nuevas problemáticas y nuevas categorías para abordarlas en los estudios sociales, aunque sus manifestaciones sean añejas y ocupen una definición de "clase" en la sociedad: tal es el caso de los conflictos étnicos, de género, etcétera. Y dentro de ellos encontraremos los análisis y estudios de la juventud.
Protesta y cohesión
El concepto de juventud, como categoría de análisis social, se origina a partir de los conflictos derivados de los movimientos de los años sesenta. Como es bien sabido, las protestas contra el conservadurismo de las autoridades y la burocracia educativa dieron cohesión a un grupo social heterogéneo en los parámetros de clase, sexo, lengua, etcétera.
Aunque en un principio se cuestionó la autoridad de las razones de estado en cuanto al acceso, el derecho y la administración de la educación universitaria, así como la obligatoriedad de los servicios "sociales" militarizados (no sólo en el llamado "mundo libre", también ocurría en Praga, en Polonia y en Berlín oriental), esta protesta se amplió de los privilegiados universitarios a otros jóvenes quienes identificaron el origen de sus problemas en una misma causalidad: la emancipación -económica, social, personal- no estaba determinada por decisiones respaldadas por la maduración de la propia persona, sino por autoridades cuya instauración dependía de cierto prestigio social derivado en muchos sentidos de la edad.
El problema de las protestas juveniles no era nuevo en aquellos tiempos: existen documentos que en América detallan movilizaciones similares contra la leva militar, la ortodoxia escolar, el conservadurismo político durante el siglo XIX y aún antes. Algunas de ellas pintorescas, como el juicio contra el poeta norteamericano Henry David Thoreau, encarcelado porque se negó a pagar impuestos a "un gobierno injusto", injusticia fundada en la invasión de los Estados Unidos contra México en 1847. Otros movimientos fueron reprimidos mediante la violencia como los amotinamientos sociales de 1848 o la famosa Comuna de París.
No obstante, es hasta los años Sesenta que el sujeto social se define como "joven" para significar una circunstancia grupal o generacional en un conflicto social.
¿Quiénes son y cómo se construyen los jóvenes?
Más allá de los grupos de edad, ser joven no significa más que ser distinto al adulto y al niño. Parece una obviedad, pero el problema del concepto "joven" como categoría social se encuentra en las implicaciones culturales y de modo de vida del adulto y del niño; es decir, se trata de un problema cultural donde el conflicto se presenta en la definición de dos categorías opuestas -adulto y niño-, entre las cuales surge una categoría híbrida: el joven. Incluso se utiliza un término revelador como sinónimo de joven: adolescente, el cual significa sujeto en cambio, en transformación, en transición.
Por lo tanto: si niño es una jerarquía cuyas características fundamentales son dependencia e irresponsabilidad absolutas, y por el contrario adulto implica independencia y responsabilidad, el joven compartirá con el niño la dependencia, pero con el adulto compartirá la responsabilidad.
Sería pecar de reduccionismo establecer que ambas características se dan en un contexto predeterminado por los valores de la ideología dominante, en nuestro caso occidental, burguesa y cristiana. No obstante, si admitimos que la célula familiar y la sociedad misma adquiere formas diversas y complejas, las circunstancias en las cuales se cumple el principio de caracterización de la juventud también son diversas y complejas.
En el caso del arquetipo juvenil, es decir, del estudiante de educación media o superior, que depende económicamente de sus padres y está sometido a las decisiones de éstos, se establece también una obligatoriedad respecto a la conducta del sujeto joven, la cual implica sanciones definitivas en las faltas debido al supuesto de premeditación.
No hay que olvidar que como categoría híbrida, el joven se construye a sí mismo a partir de las otras. Además, como estadio temporal, el joven se construirá frente al adulto porque éste es el estadio terminal de su propio proceso de transformación.
Si el joven varón, estudiante, de clase media se construye frente al adulto padre, ¿esta construcción frente al adulto se cumple también en otros casos? Un ejemplo podría ser el caso del adolescente proletario, desempleado y que junto con otros jóvenes desempleados como él acecha en las esquinas a los "buenos ciudadanos".
Ese joven tiene una relación de dependencia respecto del adulto y también de responsabilidad porque su conducta está sometida al control políciaco y a los nexos de poder al interior de su comunidad.
Otro caso: una quinceañera de barrio. La dependencia aquí es obvia, mas la responsabilidad es el deber de la integridad del propio cuerpo con el cual podrían negociarse ventajas para su clan en caso de un "buen" matrimonio.
En todas estas construcciones de juventud existe la violencia. La autoridad se va imponiendo de manera cada vez más arbitraria hasta que estalla la transgresión definitiva: aquella que cambiará radicalmente la condición social del sujeto y lo convertirá, para bien o para mal, en adulto.
Las sociedades de jóvenes
¿Por qué es importante el estudio social de la juventud? En gran medida, los problemas sociales de las naciones tienen que ver con la edad promedio de las mismas. Una sociedad tecnologizada que concentra grandes volúmenes de capital financiero requiere de una gran inversión en tiempo y recursos, de tal manera que debe haber más adultos en ella debido a la necesidad de individuos con ciclos escolares completos, profesionales o técnicos, incluso en aquellas donde hay una enorme población inmigrada.
En correspondencia, la población de una sociedad agraria, preindustrial, será en su mayor parte infantil ya que su producto social no necesita de grandes esfuerzos ni inversiones en educación para sostenerlo, ni para sostener el orden que las rige.
En cuanto a las sociedades manufactureras, llamadas "en vías de desarrollo" o propiamente industriales pero de capital foráneo, podrían considerarse como sociedades "adolescentes", en transición, es decir, de jóvenes; las cuales comparten con el "primer mundo" la característica de un producto social relativamente voluminoso, cuyo margen de concentración lo da, precisamente, el "ahorro" en la inversión social y educativa.
Cabe observar no sólo la similitud entre individuos y colectividades respecto de la dependencia y la responsabilidad, sino que el papel diferenciado del joven en cada tipo de sociedad es distinto: mientras que en la sociedad tecnologizada representa la reproducción a futuro de la fuerza de trabajo, en la sociedad agraria la juventud es en sí misma la fuerza de trabajo. Y para las sociedades en transición, los jóvenes son el factor que determina el bajo costo de la fuerza de trabajo.
Estas sociedades "jóvenes" manufactureras, están sostenidas por un orden social que requiere de la desigualdad para su supervivencia. Ello es lo que garantiza la viabilidad económica del estado y la concentración de grandes volúmenes de riqueza. En tales países podemos ver enormes mayorías paupérrimas y élites adineradas hasta el escándalo; masas de analfabetos y prestigiados científicos e intelectuales; grupos humanos oprimidos, segregados, y poderosos jerarcas políticos y/o militares. Todo ello, como en el caso del individuo adolescente, en nombre del progreso y del bienestar futuro, de la expectativa y de la emancipación postergada.
Y también, como en el caso del joven -o la joven-, se trata de sociedades inestables, proclives a los cambios violentos y a las revoluciones. Y del mismo modo, un conflicto de autoridad en tales sociedades podría llevarlas súbitamente a la mayoría de edad... o al suicidio.
Aunque el estudio de la juventud como fenómeno social y problemática parezca una frivolidad, es un área que puede arrojar datos interesantes acerca de las características de la población, sus niveles de bienestar y las condiciones en las que vive, incluso las condiciones políticas y culturales.
La juventud puede ser una categoría generadora de nuevos indicadores sociales si se le estudia con detenimiento. La actitud de diferencia hacia los científicos sociales o teóricos que debaten hoy acerca de lo juvenil por parte de las instituciones debe cambiar, ya que en muchos sentidos se trata del presenté y el futuro inmediato de nuestras sociedades.
* Redactor, integrante de la Red Nacional de investigadores sobre Juventud y asesor del Consejo Municipal de la Juventud de Xalapa, Ver.


















