Las rutas de la desorganización social. Lauro Trujillo Anaya

Los mexicanos asistimos a una realidad convulsionada debido a sus múltiples y complejos cambios que ha tenido en los últimos años, entre los cuales la violencia ha tenido un lugar preponderante; a continuación, el siguiente texto presenta una revisión general respecto a los elementos que han propiciado la "desorganización socia" actual.

Las rutas de la desorganización social

Lauro Trujillo Anaya *

Aunque los gobernantes lo nieguen, existe una correlación directa entre el aumento de las conductas criminales y el desempleo o la precariedad laboral de millones de mexicanos que sobreviven en los linderos de la pobreza. Esta situación parece profundizarse porque el ritmo de crecimiento de la población es mayor que el ritmo de crecimiento del empleo. Las ocupaciones "informales", caracterizadas por tener baja productividad, bajos ingresos y no tener cobertura de protección social, son la única alternativa para las masas de excluidos, entre quienes el resentimiento social fermenta inexorablemente.

Una realidad social violentada

El país vive en un proceso de degradación social que también se expresa en el analfabetismo; la mortalidad, abandono y trabajo infantiles; la falta de oportunidades para los que aspiran a seguir estudiando; las adicciones; el clima de impunidad para los poderosos (caso Fobaproa), y la corrupción en grandes franjas de la vida pública, incluyendo los sistemas de administración de la justicia.

A lo anterior se suman dos elementos que agravan las perspectivas. Por un lado, el narcotráfico a gran escala, que no tan sorpresivamente dejó de ser algo focalizado, de alcance restringido y pasó ahora a convertirse en un mal endémico, al parecer imposible de extirpar y que cotidianamente expande su "cobertura" a nuevas capas sociales, ya sea como consumidores, productores o "corredores" de sustancias prohibidas. Desafortunadamente, México ya es una "potencia" mundial en esta materia.

La organización centralizada de las mafias, basada en "quien entra ya no sale", impone a sus miembros la disyuntiva de las dos B: billetes o balas. Es obvio que para quienes desean salirse de las organizaciones criminales el destino es la segunda opción: a pesar de eso, las bandas y pandillas parecen multiplicarse, diversificando su acción delictiva a otros campos como el robo de autos a gran escala, el secuestro o el robo de mercancías a autotransportes de carga.

El segundo agravante reside en la "educación informal que niños y jóvenes reciben por parte de los medios de comunicación, especialmente los electrónicos. Para algunos sectores, esa "educación" es más poderosa e influyente que la que se imparte en las escuelas y hogares, como lo son: los antivalores del hedonismo a toda costa, sin esfuerzos; la renuncia a luchar por una imposible riqueza mediante trabajos inexistentes; el vértigo de las emociones fuertes; los miles de homicidios que cualquier menor ha presenciado en la televisión al llegar a los quince años (o menos); las patologías sociales que se incuban con el anonimato de las grandes ciudades; la desintegración de las familias a causa de sus penurias; la cuasi promoción del delito en los sistemas noticiosos, películas y canciones: la seducción de lo prohibido que a muchos los impulsa a iniciar un viaje sin retorno, etc. Nos aproximamos ante la imagen de una sociedad sedada, en fuga permanente de sí misma a causa de su profundo desequilibrio interior.

El sistema judicial ha sido rebasado

Todo esto ha dado lugar a que muchos grupos delictivos estén compuestos por jóvenes, algunos casi niños de 12, 16 ó 18 años. Ante esto podemos preguntarnos si sería factible reducir la edad de penalización; en este sentido, el principal inconveniente reside en la dinámica de los sistemas de readaptación social que no están preparados para cumplir su encomienda rehabilitoria, ya que la mayoría de las cárceles funcionan como auténticas "universidades del crimen". Además, organismos internacionales como la UNESCO han defendido la "edad juvenil", aquel periodo de la vida que va de los 15 a los 25 años, por lo que no es conveniente darle trato de adultos a quienes no lo son.

Pero ésta tampoco es la solución ya que los delincuentes juveniles siguen haciendo daño, algunos parecen aprovechar la impunidad que les otorga su corta edad y ya se escuchan las presiones de quienes pretenden hacerse justicia por su propia mano o se pronuncian por medida de "cero tolerancia", que encierran un principio de arbitrariedad y discriminación hacia los pobres. En este caso, tal vez se pudiera penalizar, bajo un régimen especial en su internamiento, a jóvenes de 16 años que hubieran cometido delitos intencionales graves, que fueran reincidentes, y que no tuvieran quien se hiciera cargo de ellos. La implicación necesaria de esa medida sería reducir también la edad de ciudadanía, tal como ha sido demandado desde hace algún tiempo.

En otro orden de ideas, el sistema judicial en su conjunto es un sector que parece no estar a la altura de las circunstancias. En teoría, la aplicación de la justicia para una víctima de delincuentes es gratuita, pero los agentes judiciales "piden para la gasolina", bajo el chantaje de no hacer nada si no se les "apoya"; en los juzgados, los secretarios y otros personajes reciben dádivas hasta por dar información a quien legalmente la solicita. Para los internos en los penales todo cuesta irás que en la vía pública, situación tolerada por las autoridades correspondientes.

En las cárceles, las drogas, los privilegios y la violencia son elementos cotidianos a lo largo y ancho del país. Los sistemas procesales son complicados y tortuosos, por lo que urge una homologación y simplificación que incluya a todos los estados. Este cuestionamiento no sólo se dirige al sistema judicial, también involucra a legisladores y a la misma disciplina jurídica. Los abogados, conocedores de su privilegio, se encargaron en el pasado de oscurecer los conceptos, leyes, códigos y procedimientos jurídicos, además reclamando para sí la exclusividad de su manejo. Considero que esto tiene que desaparecer bajo el argumento de que lo jurídico no tiene vida propia, sino que depende de un orden social y político que son los que le dan sustento. Es creciente la indignación por los vacíos jurídicos, burocratismo, pifias y corrupción que a muchos delincuentes les permite andar libremente por las calles.

¿Militarizar la sociedad?

Por último, sobre la incorporación de militares a funciones de seguridad pública para combatir al crimen organizado, lo entendemos como un reconocimiento por parte de las autoridades de que el narcotráfico y la proliferación de bandas y delitos pudieran derivar en un problema de seguridad nacional; por ejemplo, mediante el financiamiento de campañas políticas y su pretensión de infiltrarse en el poder público, o por su efecto inhibidor para las nuevas inversiones (extranjeras), tal como puede ocurrir con la Ciudad de México. A los ojos de los grupos inversionistas, las bandas criminales, las fallos del sistema judicial, etc. son vistas como un aumento del "riesgo-país" y esos factores son tomados muy en cuenta al momento de decidir donde establecer las inversiones. Para los capitales internacionales, las ventajas relativas de los bajos salarios, pudieran neutralizarse por la inseguridad, que en grado superlativo, es equivalente a ingobernabilidad.

Por lo demás, por sí mismos los militares no son ni mejores ni peores que los policías, a pesar de que cuenten con un a cuerpos policíacos. En otras palabras, su procedencia no es garantía de infalibilidad; no se les puede evaluar como corporación (grupo o institución), sino como actores o sujetos individuales que dejan temporalmente la organización castrense para pasar a depender de la autoridad civil y eventualmente responder ante los tribunales civiles. Esto debe quedar muy claro, pero aunque se cumpla, nadie puede impedir que los mandos militares (aún con licencia) se capaciten, conozcan y decidan sobre algunos problemas que sólo competen a los civiles, lo cual puede encerrar un riesgo mayor.

* Catedrático de la Facultad de Sociología de la Universidad Veracruzana.


Algunos motivos de homicidios *

  • Policía que mató una persona "por haber hecho sus necesidades" en la vía pública.
  • Dio muerte a su esposa "porque no pudo soportar" que le pidiera el divorcio.
  • Incendió a un sujeto dentro de su automóvil "porque andaba saliendo con su novia".
  • Policía que mató a una persona "porque no se retiraba de ver un aparador".
  • Dio muerte a su novia a pedradas "porque dijo que lo engañaba".
  • Mató una mujer con la que "tenía pleito por el uso de los tendederos".
  • Dio muerte, a botellazos a un sujeto "porque no quiso cooperar para la bebida".
  • Arrojó a una prostituta por la ventana "porque se negó a tener relaciones por segunda vez".
  • Dio muerte a una menor "porque le pidió dinero para beber".
  • Mató a un sujeto "porque le pidió dinero a la salida de una cantina".
  • Mató a un menor "porque le quiso robar su caja para bolear".
  • Militar que mató a su superior "porque lo insultó".
  • Policía que mató a dos sujetos porque "se resistieron a ser registrados".
  • Policía que mató a un sujeto en un puesto de tacos "porque lo saludó diciéndole ¡quiubo pinche poli!".
  • Dos albañiles mataron a su patrón "porque no les pagó".
  • Mató a un sujeto "porque se orinó junto a su auto".
  • Dio muerte a dos personas "por una disputa en torno a unas apuestas de box".
  • Mató una persona porque después de estar bebiendo, le "hizo proposiciones homosexuales".
  • Le prendió fuego a un sujeto "porque se negó a darle más droga".
  • Mató a una persona porque "le robó el casco de su motocicleta".
  • Policías mataron a varias personas "porque ingerían bebidas alcohólicas en la vía pública".
  • Mataron a un sujeto en una fiesta "porque se quejó de que no le abrían la puerta".
  • Dio muerte a una persona con la que vivía "porque le ganó unas vencidas".
  • Mató aun compañero de celda "porque le aventó un beso a su concubina".
  • Dio muerte a una persona a la salida de un bar "porque tocó a la mujer con la que él iba".
  • Mató a su padre porque "constantemente amenazaba a sus hijos por reprobar en la escuela".
  • Dio muerte a su hermano "porque le reclamó que estuviera bebiendo".
  • Dio muerte a una persona "porque le hizo proposiciones indecorosas a la novia de un amigo con el que bebía".
  • Mató a su compañera de trabajo "para ocultar su violación".
  • Con una metralleta dio muerte sin motivo, a un sujeto que pasaba por la calle.
  • Mató a golpes a su novia "porque quiso terminar relaciones con él".

* El delito de ser mujer. Elena Azola. Plaza y Valdéz, pág. 45.