Transición o transacción. Inocencio Yáñez Vicencio
Hay quienes han criticado a Cuauhtémoc Cárdenas por decir que, Zedillo allanó el camino a FOX, cuando los hechos hacen ver que Carlos Salinas dejó a Zedillo en la Presidencia de la República para culminar esa transición pactada por los factores reales del poder, que una ciudadanía manipulada hoy se siente orgullosa de haber avalado con su voto, no obstante que ningún gobernante trabaja para todos por igual, eso sería si no existieran diferencias sociales. Puede haber un poder neutral porque el personal que gobierna surge e de esa diversidad y siempre se tenderá a utilizar el poder en beneficio de los grupos y clases de los que proviene, señala Inocencio Yáñez en este artículo donde nos expone sus amplios conocimientos de la historia política de México como un recurso para entender el presente.
Transición o transacción
Inocencio Yáñez Vicencio
Las grandes batallas de nuestra historia siempre han sido protagonizadas por explotados y explotadores.
En 1808, aprovechando la invasión francesa a España, hay levantamientos que pretenden la independencia, pero unos la quieren para establecer la libertad y otros para que no nos alcance.
En 1821 los oportunistas encabezados por Agustín de Iturbide, acuerdan con Don Vicente Guerrero la independencia, buscando que no lleguen las reformas liberales que son puestas en vigor en España, al restaurarse la Constitución de Cádiz de 1812.
La independencia de 1821 realmente fue estrictamente en el plano administrativo, dejando intacta toda la estructura económica, social, clerical y cultural de la colonia, por eso, una vez consumada la independencia de México respecto de España, nos dividimos entre partidarios y no partidarios del Imperio, entre partidarios y no partidarios de la República, entre partidarios y no partidarios del federalismo, entre partidarios y no partidarios del centralismo, entre partidarios y no partidarios del conservadurismo, entre partidarios y no partidarios del liberalismo, entre partidarios y no partidarios del intervencionismo, entre partidarios y no partidarios del militarismo, entre partidarios y no partidarios de la dictadura.
Fue la Revolución de 1910-13 la que quebró por primera vez el poder político, militar y económico. que venía desde la Colonia.
Por primera vez, un puñado de hombres se había levantado para exigir la restitución y el reparto de la tierra, contra la tienda de raya, por una jornada humana de trabajo, por un jornal mínimo, por su derecho a organizarse, a manifestarse y a declarar la huelga contra sus patrones, por sus libertades individuales y políticas y contra la tiranía, conquistada por la vía de las armas su derecho a decidir, en igualdad de condiciones, qué tipo de Estado quería y sus autoridades.
La Revolución mexicana destruyó los latifundios, las grandes extensiones de tierra y las haciendas para dejar la tierra en manos de los campesinos; rescató el petróleo de manos extranjeras y lo nacionalizó, hizo efectivo el dominio de la nación sobre nuestro subsuelo.
Los peones, jornaleros, rancheros, profesores, intelectuales, lograron en 1910-13 lanzar del poder a los terratenientes, hacendados, latifundistas, oligarcas, militares de carrera y clericales.
La Revolución de 1910-13 adquiere un rango social desde el momento que no se limitó a cambiar al personal del gobierno por otro, que no se contentó con pedir el sufragio efectivo y la no reelección, que no se constriñó al marco político, sino que fue mucho más allá al cambiar la estructura económica semifeudal dominante en esa época y reemplazar al bloque de clases que detentaba el poder.
Es un cambio revolucionario porque la nueva estructura económica permite un mejor aprovechamiento de las fuerzas productivas y sobre todo, una distribución más equitativa de los resultados de la producción.
Es un cambio revolucionario porque no se limitó a un simple cambio de personas en el gobierno, sino que cambió el bloque de clases caduco y parasitario que por más de 30 años usufructuaba el poder, por uno que representaba a los sectores mayoritarios de la población.
Quienes quieren presentar la división entre los revolucionarios mexicanos producto de sus ambiciones personales; ignoran que si bien es cierto que hubo ambiciones de tipo personal, como en toda revolución, la división, la división geográfica, regional, política, ideológica y militar impidió siempre tener un solo programa y un solo mando. Madero no sólo tuvo diferencias con Flores Magón y Zapata sino en el seno de su propio grupo. Las diferencias de Villa con Carranza, las de Obregón con Villa, las de Obregón con Carranza, etc., tienen su origen en que conciben un cambio y un uso del poder distinto.
A los revolucionarios mexicanos los unió un objetivo: la caída de Porfirio Díaz y su remedo Victoriano Huerta, pero es obvio que alcanzada la meta que los cohesionaba y había hecho que postergaran sus diferencias, éstas tendrían que reaparacer y tratar de dirimirse por el único modo que en ese momento y en esas circunstancias podía hacerse: la vía armada.
No debe asustarnos esa lucha fratricida. Así son las revoluciones. De 1789 a 1795, en Francia hubo tres revoluciones y tres constituciones distintas.
La soberana Convención de Aguascalientes no se dividió porque se eligiera a Villa para estar al frente del ejército convencionalista sino, por el contrario, podemos decir que no se unió por eso, pero no que esa resolución la dividió, por la sencilla razón de que no puede dividirse lo que nunca ha estado unido realmente.
En el Congreso Constituyente de 1917, no obstante que es convocado por una sola corriente, vuelven a aparecer las dos principales tendencias revolucionarias: la política y la social.
Mientras los abogados de Carranza encabezados por Félix E. Palaviccine quieren una constitución apegada al liberalismo clásico, los revolucionarios quieren y logran que la nueva Constitución no se circunscriba a la teoría de la división de poderes y los derechos individuales.
Pero, como todos los revolucionarios, los revolucionarios mexicanos no sólo luchaban entre ellos sino que también tenían que enfrentar enormes resistencias externas encabezadas por los neoporfiristas, restauradores del antiguo régimen, contrarrevolucionarios, guardias blancas, terratenientes, hacendados, clericales, tránsfugas, agentes de los EE.UU., intervencionistas.
Tan pronto se promulgó la Constitución de 1917, fue atacada desde los púlpitos, oficinas extranjeras, palacetes, etc. Porfirio Díaz no abolió formalmente ni la Constitución de 1857 ni las Leyes de Reforma, pero en los hechos no existían.
La Iglesia Católica vivió en amasiato con la dictadura. En cada hacienda había una parroquia y un párroco encargados de inculcar la resignación a los peones, a cambio de un paraíso del que nadie ha regresado ni siquiera para decirnos que no es como lo pintan.
En 1926, cuando el clero vio que la Revolución mexicana se consolidaba y que sus esfuerzos por dejar sin efecto la Constitución del 17 no daban los frutos esperados, se lanzó directamente contra el Estado, cerrando con el menor pretexto los templos para irritar a la población en contra de las autoridades civiles y, a través de la tristemente célebre Liga Nacional de Defensa de las Libertades Religiosas, tratar de derrocar al gobierno revolucionario.
No obstante que en 1928 el general Alvaro Obregón fue asesinado por fanáticos religiosos, el aparato propagandístico del clero católico demostró su poder de manipulación al distorsionar el magnicidio y hacerlo aparecer como un ajuste de cuentas más entre revolucionarios.
Como bien dijera Soledad Loeza, nos guste o no, el PNR (antecesor del PRI) no surge como partido único. El PNR nace como un partido avasallador por su legitimidad revolucionaria.
En 1929, con pocas excepciones, el dilema no es dictadura o democracia, sino burguesía o proletariado, porque para los mismos revolucionarios la democracia no es más que el disfraz de la dictadura de una clase social. La disyuntiva va a ser gobierno burgués o gobierno revolucionario, y el método estará determinado por el grado de resistencia: reforma o revolución.
El General Lázaro Cárdenas jamás hubiera repartido los casi 20 millones de hectáreas de tierra a los campesinos ni hubiera podido nacionalizar el petróleo, dentro de una concepción clásica de los derechos individuales que considera sagrada la propiedad privada sobre los medios de producción.
Desde el asesinato de Madero, el tratado Lamont-De la Huerta, las Conferencias de Bucareli, los EE.UU. buscaron anular la Revolución. Las compañías petroleras financiaron a Peláez en la Huasteca veracruzana y a Cedillo en la Huasteca potosina. Los patrones de Monterrey realizaron paros y sabotajes en contra de la política obrera del General Cárdenas.
En 1939 el PAN fue fundado por los enemigos de la separación entre la Iglesia y el Estado; por las hordas de fanáticos que querían que la Iglesia Católica siguiera haciendo funciones de Estado; por los que no aceptaban ni las Leyes de Reforma ni la Constitución del 17; por los neoporfiristas y sus aliados; por los contrarrevolucionarios: por los Hacendados y terratenientes afectados por la Revolución; por los perjudicados por el reparto agrario; por los abogados de las compañías petroleras nacionalizadas; por los afectados por la nacionalización petrolera; por los que Intervinieron en las conferencias de Bucareli, comprometiéndose con los EE.UU.. a no aplicar retroactivamente la Constitución y después fueron a alquilarse a las compañías petroleras para defender esta marranada; por los adversarios de la educación laica, científica y gratuita; por los enemigos del derecho de huelga; por los impulsores del sindicalismo blanco; por los patrones regiomontanos que reclamaban represión para las huelgas; por los que perseguían y asesinaban a los maestros; por los que más adelante combatirían el seguro social, el libro de texto gratuito.
El PAN no nació para luchar por la democracia sino para tratar de destruir la obra del General Lázaro Cárdenas.
¿Cómo es posible que diga que nació para combatir el militarismo y el primer candidato a la presidencia de la República que postula es el general Juan Andrew Almazán excolaborador de Victoriano Huerta?
De 1990 a 1958 se gobierna en nombre de la Revolución, pero ya no gobiernan revolucionarios porque, o ya no existen, o ya se mutaron en auténticos burócratas.
De 1958 a 1968, al no haber obra social y perderse las expectativas de cambios importantes, se cae en la retórica y en paliativos que tienen que complementarse con el viso de la fuerza para mantener la estabilidad.
De 1968 a 1970 se pone de manifiesto que el PRI ha dejado de representar el proyecto nacional y que su legitimidad debe empezar a buscarla en la competencia electoral, dentro de un concierto de opciones y alternativas.
En los días próximos al 20 de noviembre de 1976, los grandes capitales, molestos por el acercamiento de Luis Echeverría con Fidel Castro, su solidaridad con Salvador Allende, su Carta de los Deberes y Derechos Económicos, las expropiaciones del Valle del Yaqui, las afectaciones a terratenientes, el apoyo a los obreros, la creación de universidades, tecnológicos, bachilleratos y secundarias técnicas, agropecuarias y pesqueras, la creación de hospitales y clínicas del IMSS y de la SSA, el fortalecimiento del INFONAVIT, la cobertura de la CONASUPO, FONACOT, etc., generaron un rumor de un golpe de Estado, con lo cual demostraron por primera vez su capacidad para alterar y moldear el ánimo de la población al gusto de las oligarquías.
De 1976 en adelante, los grandes capitales, con sus púlpitos, periódicos, revistas, estaciones de radio, canales de televisión, compañías de teatro, cine, música, líderes de opinión, establecieron una especie de Tribuna de la Conciencia Nacional, capaz de que sus calificaciones y preferencias artísticas, musicales, estéticas y políticas fueran las de toda la nación. La prueba, que de ahí en adelante todo presidente era malo en la medida que les afectara o así conviniera a su estrategia.
¿Por qué desde entonces no hicieron perder al PRI?
Porque el PRI para entonces, ya se había aburguesado.
La burguesía lo tenía filtrado y de revolucionario no le quedaba más que la retórica. A la legitimidad revolucionaria la había substituido una legitimidad histórica. El PRI ya no buscaba ser aceptado por lo que hacía a favor de las grandes masas sino por lo que había hecho.
El PRI fue transformado de un centro de unidad de las fuerzas revolucionarias en un aparato de control y de poder al servicio de las grandes fortunas de este país.
El voto corporativo que venía de los trabajadores al servicio del Estado, de las paraestatales y del charrismo le proporcionó la reserva electoral suficiente para vencer la irritación popular que generaba la simulación revolucionaria y la manipulación de la opinión pública, que orquestaban los dueños del capital para poder negociar favorablemente con un gobierno débil.
En 1976, Luis Echeverría Álvarez hace que la clase política se cargue a favor de Mario Moya Palencia, pero perversamente, él, que ya había eliminado todo escalafón político, decide que su sucesor sea su amigo de infancia, juventud y francachelas José López Portillo y Pacheco, cuya familia había militado del lado contrario a la Revolución.
Obregón aprovechó el levantamiento de Adolfo De la Huerta para depurar el ejército y Luis Echeverría capitalizó la cargada hacia Moya para dejar a su sucesor libertad para crear una nueva clase política, donde incursionar con fuerza la tecnocracia.
Con Miguel de la Madrid -y así lo denunció Manuel Buendía- se lleva a cabo un golpe de Estado incruento dentro del PRI y dentro del Gobierno, al ser desplazada la burocracia, heredera de quienes habían hecho la Revolución, por los neocientíficos que la oligarquía criolla había becado a Harvard y que en 1988, con Carlos Salinas de Gortari llegan a la cima.
La tecnocracia, aliada con la burguesía regiomontana, norteña, extranjera y el clero, para implantar un modelo económico basado en la libre empresa, siguen la siguiente ruta:
1.- Realizan una campaña en contra del Estado obeso. 2.- Llevan a cabo la más feroz campaña de desprestigio en contra de las paraestatales. 3.- Privatizan la economía; eliminan subsidios a los campesinos y a los obreros. 4.- Reprimen los sindicatos de las compañías automotrices, cerveceros, refresqueros, mineros, transportistas, burocráticos, etc. 5.- Segregan a los políticos bajo el epíteto de dinosaurios. 6.- Eliminan del discurso oficial la palabra Revolución Mexicana. 7.- Golpean a las centrales del PRI. 8.- Intentan que el PRI cambie de nombre. 9.- Manejan mal la sucesión del 94. 10.- Se les sale del control Marcos. 11.- Desatan una crisis que parece deliberadamente encaminada a irritar a la población contra el gobierno. 12.- Ponen en práctica aumentos en cascada tanto de precios como de impuestos. 13.- Mediante el Fobaproa ponen todos los recursos de la nación a 1a orden de banqueros y empresarios sinvergüenzas. 14.- Mientras por un lado se le regatea todo al PRD, por el otro, mediante una mecánica conocida vulgarmente como concertacesión, se le da todo al PAN.
Fue Carlos Salinas de Gortari quien desde el poder intentó convertir al PRI en un catch-all party, pero en virtud de las resistencias, optó por golpear a sus centrales, quitarles voz para trasladársela a las organizaciones patronales y privadas.
¿Todavía habrá alguien que crea que con sólo mover la banda de flotación del tipo de cambio bastó para desatar la crisis de diciembre del 94, por la que tanto se hizo odiar Salinas?
¿Quién cree ese cuento de la ruptura de Zedillo con Salinas por las fechorías de su hermano Raúl, cuando todo el gabinete que termina este sexenio es salinista?
Carlos Salinas y la oligarquía sabían muy bien que la cúpula del PRI apoyaba el modelo neoliberal pero no sus bases, por eso, cuando fracasó su plan descorporativizador y modernizador del PRI, empezó a planear el cambio de centinela del modelo neoliberal, y qué mejor que el PAN, que tanto había pugnado por un Estado subsidiario.
Es obvio que el modelo neoliberal está mejor custodiado por el PAN, que por el PRI, al cual, finalmente le es ajeno histórica e ideológicamente.
Es precisamente Carlos Salinas quien privatiza la economía, quien hace las concertacesiones al PAN, quien reforma el artículo 82 de la Constitución para que Fox pudiera aspirar a la Presidencia de la República, quien utiliza sus viajes a nuestro país para irritar a la población en contra del PRI, quien manda a sus testaferros a apoyar la transición.
El pasado 2 de julio los mexicanos nos hemos dado cuenta que una imagen vale más que mil despensas.
Ernesto Zedillo dispuso de todos los recursos para que Labastida le ganara la elección interna a Madrazo, pero no dispuso ni siquiera de los mismos recursos para que le ganara a Fox. Con mucha razón, la noche del 2 julio, Carlos Monsiváis dijo que el PRI hizo una campaña para perder ¿deliberadamente?
Esos intelectuales que siempre quieren instalarse más allá del bien y del mal han criticado a Cuauhtémoc Cárdenas por decir "Zedillo allanó el camino a Fox cuando los hechos hacen ver que Carlos Salinas dejó a Zedillo en la Presidencia de la República, para culminar con esa transición pactada por los factores reales de poder y que una ciudadanía manipulada hoy se siente orgullosa de haber avalado con su voto.
Estos son los cabos que debían de tratar de atar esos cientistas que, transtornados por el triunfo de Fox, han descendido a la superchería para poder explicarse este resultado, diciendo que no pudo alterarse gracias a que Televisa dio muy temprano las tendencias de las encuestas de salida, poniendo con ello en entredicho al IFE y, paradójicamente, reconociendo a la vez su autoridad y extraordinaria eficacia, pero por si esto fuera poco, dicen que el pasado 2 de julio nació la democracia en México, a lo que habría que preguntarse, ¿cómo pudo ganar un partido de oposición, el pasado 2 de julio, si no había antes democracia?
Poner el acento en el reparto de despensas y soslayar las enormes sumas que los gobiernos gastan en publicidad sesgada para impactar a favor de sus candidatos, sólo puede justificarse como una estrategia de distracción en beneficio de quienes hoy tienen para comprar conciencias y voluntades.
El púlpito y los medios impresos y electrónicos jugarán un papel más poderoso que la camisa de fuerza que representa el corporativismo, en su tarea de aprobar y desaprobar lo que conviene a los factores reales de poder.
Es incuestionable que durante un proceso que nos ha llevado décadas hemos construido las reglas que hoy nos permiten elegir libremente a nuestras autoridades, pero no podemos conformarnos con quitar a quien no lo hace eficazmente y colocar en su lugar a quien pensamos que sí lo va a hacer; tenemos que preguntarnos también ¿a favor de quién lo hará eficazmente? Porque ningún gobernante trabaja para todos por igual, eso sería si no existieran diferencias sociales, por eso no puede haber un poder neutral, porque el personal que gobierna surge de esa diversidad y siempre tenderá a utilizar el poder en beneficio de los grupos y clases de que proviene.
Entre aquella izquierda dentro de la Constitución de Adolfo López Mateos y el Centro Democrático de Carlos Salinas de Gortari se da una batalla entre quienes quieren hacer del PRI una organización política y quienes quieren conservarlo como instrumento de poder. En este escenario Jesús Reyes Heroles define quiénes podían caber en el PRI y quiénes no y con Carlos Sansores Pérez hasta se declara partido de los trabajadores y define la Democracia Social.
El PRI empezó a cavar su derrota cuando, en la imposibilidad de legitimar su instancia en el poder mediante la asistencia social, quiere que lo juzguen por sus intenciones y por su pasado glorioso.
Grave error ha sido promover esa cultura de indiferenciación ideológica y social entre los partidos políticos.
La burocratización y la desideologización terminaron por hacer del PRI un emblema que sólo propone candidatos, y en ese tenor, independientemente de que contribuye a beneficiar a los partidos interesados en ocultar su pasado fascista y sus vínculos clasistas, se puso en desventaja de sus competidores por la sencilla razón de que quien está en el poder comete errores y es juzgado por ellos.
El PRI debe aprender a distinguir muy pronto entre lo que es un instrumento de poder y un partido hecho para la competencia. El método democrático no sólo debe servir para elegir a quien pensemos que lo va a hacer mejor, sino también para elegir a quien lo haga a favor de los más necesitados. Sólo una sociedad manipulada puede elegir a los representantes genuinos del modelo económico que la está matando.
La democracia debe ser el método donde el pueblo decida, libre de manipulaciones, sus asuntos fundamentales, o la convertimos en el circo donde simplemente podemos elegir a quienes en nuestro nombre sancionen en los órganos constitucionales, lo que previamente se decida en las oficinas de las cámaras patronales.
Si los partidos no articulan, median y agregan intereses, no podrán recobrar su identidad y, al no diferenciarse de sus contrarios, sólo podrán tener éxito con mucho dinero o alquilando su emblema a un club de ricos.


















