Nueva cultura laboral basada en la productividad individual. Víctor Molina Dorantes

El escenario para los sindicatos mexicanos (iniciativa privada o al servicio del Estado), en el marco del nuevo gobierno federal, es de una nueva cultura laboral, fundamentalmente ligada a aspectos administrativos y de productividad. Los trabajadores no están preparados porque la ideología que han tenido ha sido protectora. No obstante, deberán montarse en la práctica productiva y buscar una modernización de sus organizaciones para enfrentar los nuevos métodos de trabajo.

Nueva cultura laboral basada en la productividad individual

Víctor Molina Dorantes

En el nuevo gobierno federal, que se basa en la productividad y en la rentabilidad, se pretende individualizar las relaciones laborales y quitarle el carácter grupal de defensa colectiva a los sindicatos, de por sí tan deteriorados por la poca maniobra que tienen para mejorar sus condiciones de vida y trabajo; esto es, los contratos colectivos, o las condiciones generales de trabajo tratándose de trabajadores al servicio del Estado.

El nuevo escenario, tomando en cuenta el carácter empresarial del nuevo gobierno, es convertir la relación colectiva en una relación individual de expectaciones que no estén amarradas en un contrato colectivo, sino normadas por la productividad de cada trabajador, esto sin permitir que dejen de existir los sindicatos.

Los sindicatos prácticamente se convertirán en instrumentos administrativos, no de defensa y negociación.

En sí se va a dar una nueva cultura laboral, fundamentalmente ligada a aspectos administrativos y de productividad. En cuanto a los administrativos como la Junta de Conciliación y Arbitraje, pasarán a ser juzgados de justicia laboral y, en lo relativo a la productividad, regirá la calidad del trabajo que realice cada empleado, es decir, se tratará a los desiguales en la fuerza de trabajo de manera desigual.

Los trabajadores mexicanos no están preparados para una política de este tipo sino para reconocer el status proteccionista del sindicato. Es decir, la ideología laboral que ha tenido el trabajador mexicano es prácticamente de un derecho protector y a veces hasta de carácter asistencialista. Para esta nueva política, los sindicatos tendrían una opción de viabilidad: buscar una modernización de sus organizaciones para enfrentar los nuevos métodos de trabajo.

Fundamentalmente tendrán que montarse en la práctica de la productividad, convenir individuamente en el derecho de cada quien, a través de los sindicatos como órganos reproductores de la productividad. En esa forma establecer también el mecanismo bilateral en materia de empleo, ingreso, escalafón, capacitación y desarrollo e iniciar un proceso de capacitación, un proceso de ideologización laboral. Esto significa que los sindicatos deben de pactar con la nueva ideología laboral que pretende imponer el gobierno de la República, y no quedarse rezagados porque de lo contrario la empresa privada y el gobierno los dejarían en estado de indenfensión.

En materia de productividad y estímulo, el trato variará directamente con cada trabajador. Los sindicatos tendrán entonces que buscar un mecanismo bilateral que les permita administrar los derechos individuales de cada trabajador aún por encima del carácter proteccionista y tutelar que tiene la Ley Federal del Trabajo. Deberán remontar el nuevo escenario laboral y, al hacerlo, colocarse por encima del nuevo proyecto, o al menos de manera aparejada.

Por otro lado, dentro de los ejes fundamentales de los sindicatos tendrán que privilegiar, en primer lugar, la capacitación y el desarrollo del personal; en segundo lugar, los mecanismos de escalafón y ascenso a puestos superiores y, en tercer lugar, los métodos e instrumentos de trabajo para realizar sus labores de manera eficiente, esto como parte de una exigencia al patrón para poder instrumentar la productividad.

El esquema laboral lleva implícito, tanto en el campo como en la industria, una forma de ser diferente del trabajador, es decir buscará ante todo que sepa hacer las cosas, dentro del marco de factores escalafonarios como la iniciativa, la actitud, en este caso la aptitud con p y la actitud con c y, sobre todo, la experiencia. Quedaría borrado absolutamente el asunto de la antigüedad.

Asimismo los patrones tendrán que modernizar las relaciones humanas, tendrán que tener un nuevo trato con el personal, obviamente el esquema le va a modificar el estilo autoritario de dar órdenes y, aunque existan éstas, tendrán que ser consensadas al nuevo pacto laboral, me refiero a que de existir las medidas autoritarias tendrán que ser dadas adecuadamente.

Por lo que respecta a las autoridades laborales, su esquema tendrá que ser más sensible en el ámbito de las relaciones humanas, sindicales, porque tendrán que buscar el replanteamiento que haya entre el sindicato y el patrón, para tratar de ir intercediendo en los puntos nodálicos de los contratos colectivos en materia de capacitación y desarrollo, escalafón y ascenso.

Los sindicatos que no se adapten -que serán los más tradicionales, los que han hecho del sindicalismo un negocio de los líderes-, morirán por su propia naturaleza. No porque sean el final de un proyecto, sino porque al no adaptarse a los nuevos esquemas tendrán que desaparecer de manera natural para dar paso a nuevos sindicatos con nuevos liderazgos y que estén prácticamente montados en una cultura laboral. Se necesitan líderes más abiertos al nuevo esquema laboral.

No obstante, el sindicalismo no está divorciado de la productividad y la rentabilidad, pero va a pasar a una nueva fase de la vida laboral: se sustituirá su proteccionismo y su carácter tutelador con la libertad de la empresa para promover la productividad individual del trabajador. Obviamente se afectará pues casi no habrá huelgas, los contratos colectivos serán un instrumento renovador de esquema laboral y el sindicato, de ser un instrumento de lucha, de defensa, etcétera, se convertirá en una organización administrativa.

No estoy hablando de la defensa económica del trabajador, sino de las reinvindicaciones sociales que tiene que impulsar bajo los términos y condiciones que establezca la nueva cultura laboral. Y ellos tendrán que generar el renacimiento de una nueva resistencia cívica -quizás algo inimaginable e inédito en el país-, depender no de la suspensión sino de la producción misma para ejercer una presión en el ejercicio de un derecho constitucional.

Finalmente se puede decir que los trabajadores y los sindicatos deben prepararse, en primer lugar, conociendo el nuevo esquema laboral y, en segundo, con aptitudes positivas para enfrentarlo con habilidad, porque de lo contrario el patrón llenaría el esquema de negociación estructural con todas las variables laborales que va a realizar la empresa privada para sacar más provecho de la productividad, no del estímulo del trabajador. Esto significa que los trabajadores tendrán que dar un giro de 180 grados ante el nuevo proyecto laboral y en un momento dado, negociar el trabajo por mayores estímulos.